La Tierra






Cibeles
Un poco de mitología...
Gea, la Tierra, surge del caos y ella sola da origen  a las Montañas, las Aguas y a Urano, el cielo estrellado. Es, pues, el origen de todas las cosas, madre del Universo, pero Gea, además, fue la inspiradora de numerosos oráculos, poseía los secretos de los destinos y sus vaticinios eran más antiguos y seguros que los de Apolo. La figura de la Tierra Madre fue identificada a lo largo del tiempo con Cibeles o Rea y con Deméter posteriormente.

Gea, junto con Urano, tuvo varios hijos: los Titanes, que eran seis dioses, y las Titánides, que son seis diosas; los Cíclopes, enormes seres con un solo ojo, y los Hecatonquiros que tenían 50 cabezas y 100 brazos. Urano fue un padre cruel que encerró a sus hijos en las profundidades de la tierra porque tenía miedo de unos 
vástagos tan enormes y poderosos, pero Gea los ayudó e incitó para que se rebelasen contra su padre. Así, el Titán Crono atacó a Urano con una hoz que le había proporcionado su madre Gea y lo castró. De la sangre y el semen de Urano al caer sobre el mar nació Afrodita o Venus.


La Tierra, el planeta


La Tierra
Éste es nuestro planeta..., un pedazo de roca sobre el que el ser humano viaja a través del universo. Podríamos decir que, aparentemente, la Tierra es muy parecida a otros miembros de la familia solar: nuestro planeta ha sufrido actividad geológica tal y como ha ocurrido en otros vecinos nuestros como Venus y Marte; también sobre la superficie de la Tierra encontramos restos de grandes impactos meteoríticos, como los que podemos ver en otros mundos; pero, además, a semejanza de lo que ocurre en los  planetas  gaseosos,  la Tierra  también  sufre el efecto de  tormentas que la
acometen, muchas  veces sin piedad.  Pero  no acabamos aquí: muchos planetas, al igual que el nuestro, poseen campos magnéticos e, incluso, debido al gran tamaño de nuestro satélite, podríamos decir que, al igual que Plutón y Caronte, somos casi un planeta doble. Así pues, parece, como decíamos, que la Tierra es bastante similar a esos otros mundos, nuestros hermanos planetarios, que, como nosotros, giran en torno al Sol. Sin embargo..., ¡que diferentes somos de ellos! Veamos por qué.

Si miramos la foto de arriba, tomada desde el espacio, podemos ver que nuestro planeta es de color azul... No obstante, no es el mismo azul que el Urano y Neptuno, que se lo deben a sus atmósferas de metano. En el caso de la Tierra, su color azul se debe a un hecho único en todo el sistema planetario: el agua de los océanos que la cubren. Ésta es una peculiaridad que sólo a nosotros nos caracteriza pues, salvo bajo la forma de dura roca de hielo, el agua líquida no existe en ninguna otra parte de nuestro sistema solar, y esto nos hace muy especiales porque... ha permitido la vida sobre el planeta y nos ha traído hasta él. ¿Y qué podemos decir de los constituyentes del agua: el hidrógeno y el oxígeno? ¿Cómo puede la Tierra disponer de tanta cantidad del oxígeno que necesitamos para vivir? La respuesta la encontramos en otra peculiaridad terrestre: la vegetación. Las plantas terrestres absorben el venenoso dióxido de carbono que se encuentra en la atmósfera y los transforman, mediante la fotosíntesis, en el oxígeno que nos da la vida. De hecho, sin las áreas de vegetación más importantes de nuestro planeta, nuestra atmósfera se inundaría de dióxido de carbono y terminaría sufriendo el mismo destino que Venus. Por ello es tan importante que cuidemos nuestros bosques.

Detengámonos un instante en la atmósfera que nos envuelve. La atmósfera terrestre se extiende varios cientos de kilómetros por encima de la superficie y se va haciendo más ligera según aumenta la altura. De hecho, más de la mitad de la masa atmosférica se encuentra  por debajo del monte Everest. En cuanto a su composición, es única en todo el sistema solar: contiene un 77% de nitrógeno, un 21% de oxígeno, un 1% de vapor de agua y otro 1% de otros elementos. La atmósfera de la Tierra, por otra parte, está dividida en diferentes partes. El nivel más bajo es la troposfera, donde se forman las nubes y que, por tanto, contiene la mayor parte del vapor de agua de la atmósfera. Sobre la troposfera se encuentra la estratosfera, en cuya parte final se halla la famosa capa de ozono que refleja las radiaciones ultravioletas del Sol hacia el espacio, protegiéndonos de ellas. De ahí la importancia de que esta capa de ozono no se agujeree y pueda proseguir con su labor protectora. La parte más alta de la capa siguiente es la mesosfera, y la capa que la sigue por encima,  la termosfera, contiene un cierto número de capas útiles conocidas conjuntamente por el nombre de ionosfera. Ésta también refleja la radiación, pero la refleja hacia la Tierra, en lugar de hacerlo hacia el espacio exterior. La radiación tiene la forma de ondas de radio, y es esta capacidad de reflejarlas lo que nos permite comunicarnos por radio. Es precisamente en las regiones más bajas de la ionosfera donde vemos las diminutas partículas calificadas como "estrellas fugaces". Por último, la parte superior de la ionosfera, a unos 100 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra, queda iluminada, a veces, por una extraña exhibición de luz conocida como aurora boreal que se produce cuando la ionosfera es golpeada por partículas ricas en energía procedente del Sol, calentándola: la luz entonces emitida puede parecer una cortina en el cielo que  llamamos aurora boreal. A partir de aquí comienza la exosfera y el inmenso y frío espacio.


Pero, ¿cómo se formó la Tierra? Nuestro planeta, como todos los cuerpos del sistema solar, tuvo su origen en los restos de estrellas que explosionaron. De manera que  la Tierra empezó a condensarse a partir de los gases y el polvo de la nebulosa solar hace unos 4.500 millones de años. Los gases y el polvo fueron colisionando a causa de la fuerza de la gravedad, formando cuerpos cada vez más grandes. Estas colisiones y la presión se originaron en el interior del planeta por la compresión debida a la acumulación de materia, lo cual generaba calor. En el interior del planeta, los elementos se separaron. Hace unos 4.000 millones de años, la temperatura de la Tierra ascendía a 2.000 ºC. El planeta era una mezcla de diferentes elementos: los mismos que hay ahora en la Tierra. Por fin, la temperatura alcanzó el punto de fusión del hierro, que se hundió hasta el centro del planeta en rotación, formando el núcleo. Este núcleo se divide en dos partes: el núcleo interno, formado por hierro sólido,  y el núcleo externo, que contiene hierro y níquel en estado líquido. Al mismo tiempo, hace unos 3.500 millones de años, los elementos más ligeros, compuestos de silicio, cristales y metales ligeros,
Partes de la Tierra
subieron a la superficie. Así se formaron el manto, constituido por elementos más pesados, y la corteza, dividida en capas de materiales más ligeros. Cuando la corteza en solidificación se fracturaba, surgían lava, gases y vapor de agua ocluidos en el manto. Empezó a formarse una atmósfera primitiva. El vapor de agua se elevaba a cotas más altas, donde, al enfriarse, se condensaba y se precipitaba al suelo en forma de lluvia, que se evaporaba de nuevo apenas entraba  en contacto con la superficie extremadamente caliente. Gradualmente, la corteza también empezó a enfriarse, permitiendo así que el agua fuese reabsorbida. Después de algunos millones de años, la corteza ya no pudo absorber más agua y se inició la formación de los mares. Así, la Tierra ha tardado millones de años para evolucionar desde una esfera de gases hasta un planeta dotado de una corteza rocosa sólida cubierta en el 70% de su extensión por agua.


Campo magnético terrestre

El viento solar comprime el campo magnético terrestre, que adquiere la característica forma de medusa de la magnetosfera. Algunas partículas quedan atrapadas en su interior y forman dos fajas de partículas cargadas eléctricamente: los cinturones de Van Allen
Nuestro planeta posee un campo magnético que deriva de unas corrientes que se originan en el núcleo metálico fundido, a causa de la rotación de la Tierra sobre sí misma. Este campo magnético terrestre se extiende a una distancia enorme, formando en el espacio una especie de capa conocida como magnetosfera, la cual nos protege del flujo de partículas cargadas eléctricamente procedentes del Sol y que se conocen con el nombre de viento solar. El análisis de antiguas rocas extraídas del fondo del mar ha mostrado que el polo norte y el polo sur del campo magnético terrestre se han intercambiado en el pasado a intervalos regulares de unos 100.000 años.





En el sistema solar, la Tierra es el tercer planeta en orden de distancia al Sol. Su órbita no es del todo circular, sino que es similar a una elipse achatada, por ello la distancia a nuestra estrella varía entre 147 millones de kilómetros cuando estamos más próximos a ella (principios de enero) y 152 millones de kilómetros cuando estamos más alejados (seis meses después). Pero, entonces, ¿por qué hace más calor en verano que en invierno? La respuesta se encuentra en el hecho de que el eje de rotación terrestre está inclinado 23º27', lo que hace que la tierra quede expuesta de manera diferente al Sol en los diversos periodos del año. En el hemisferio norte (boreal) y en el sur (austral), el verano y el invierno  
Estaciones del año
se manifiestan en épocas exactamente opuestas del año. Cuando un hemisferio, el norte o el sur, queda frente al Sol, es verano; el punto culmiante del Sol en el cielo es más alto y permanece por encima del horizonte mayor tiempo, lo que implica días más calurosos, más largos y noches más cortas. Cuando un hemisferio, el norte o el sur, no está frente al Sol, es invierno y los efectos son opuestos a los descritos anteriormente.



 

Planetas

Tamaño relativo de los nueve planetas del sistema solar
a

Datos Físicos de la Tierra
Distancia media al Sol 150 millones de km.
Periodo Orbital:
1 año
Periodo de Rotación:
23 horas y 56 minutos
Diámetro:
12.756  kilómetros
Masa (Tierra = 1):
1
Temperatura media en ºC:
22  (en la superficie)
Inclinación del eje:
23,5º
Satélites:
1


No nos hemos olvidado, por supuesto, señalar un hecho importantísimo para nuestro planeta: la existencia de su satélite, simplemente lo hemos dejado para el final. Las hipótesis sobre su origen son muy controvertidas: tal vez se formó en un punto del sistema solar y luego fue capturada por el campo gravitatorio de la Tierra; o tal vez se produjo al colisionar la Tierra, todavía primitiva, y otro objeto más pequeño similar a un planeta... Si quieres saber más cosas sobre la Luna, pincha en el enlace de abajo.



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