La Luna

Un poco de mitología...

Selene y Endimión
Selene y Endimión


En la antigua Grecia, Selene  era la diosa de la  Luna, hija del titán Hiperión y de la titánide Tía y hermana de Helios -el Sol- y, como él, debía también iluminar los cielos, si bien debía hacerlo durante la noche. Sin embargo, una de esas noches divisó al pastor Endimión dormido en el monte Latmo y quedó prendada de él. De esta manera, Selene desapareció de los cielos para recostarse junto al pastor dejando a la noche sin su luz. Esto enfureció a Zeus que castigó a Endimión a dormir eternamente. Sin embargo, conmovido luego por los ruegos de Selene, consintió en dejar que la Luna desapareciese del cielo varias noches al mes para hacer compañía a su amado, conformándose Selene el resto de los días con verle desde lo alto y acariciarlo desde ahí.


En el arte, Selene aparece conduciendoun carro tirado por dos caballo o, a veces, por dos bueyes. Se la representa majestuosa, como una mujer joven y muy pálida, surcando los cielos en un carro tirado por corceles plateados, y muchas veces acompañada por alguno de sus amantes.


La Luna, el satélite.


La Luna
El 20 de julio de 1969 la Luna pudo, por fin, dejar de ser nuestra solitaria acompañante y sentir la pisada del ser humano sobre el polvo virgen de su superficie. La Luna es el satélite de la Tierra y, por tanto, el cuerpo celeste más cercano a nosotros. De hecho, los antiguos, imbuidos de la teoría teocéntrica propugnada por Ptolomeo, consideraban a la Luna como el primero de los cuerpos que giraban alrededor de la Tierra, idea que se conservó hasta que Copérnico cambió el concepto que del universo se tenía  en su  De  Revolutionibus  Orbium  Mundi  y  rebajó el
estátus  planetario de la  Luna  hasta convertirla en  simple satélite terrestre que, como todos los satélites del sistema solar, gira en torno a un platena principal, la Tierra. La vuelta completa se realiza en 27,3, días, periodo de tiempo llamado sidéreo. El mes sinódico, sin embargo, dura 29,5 días y es el tiempo que tarda la Luna en completar un ciclo entero de fases y en volverse a ver desde la Tierra en la misma fase. La diferencia en días se debe a que mientras la Luna gira alrededor de la Tierra, ésta se mueve con respecto al Sol, de manera que, para volver a la misma fase, nuestro satélite  debe completar algo más de una revolución.

La Luna está a unos 385.000 kilómetros de la Tierra, pero incluso a esa distancia, que a nuestros ojos puede parecer enorme,  nuestro satélite ejerce un notable efecto gravitatorio sobre nosotros. Algo que se observa fácilmente en los océanos,  en los que el "tirón" de la Luna provoca las mareas. Pero no es el único, una consecuencia de la fuerza que la Luna ejerce sobre la Tierra es una especie de efecto honda que hace que la Luna acelere ligeramente en su órbita, al tiempo que la rotación de la Tierra se hace más lenta. Como resultado de ello, en realidad la Luna se aleja de la 
La Tierra y la Luna
Tierra unos tres centímetros al año y, por otro lado,  nuestro día es cada vez más largo. El efecto es infinitamente lento, pero podemos calcular que hace unos 500 millones de años el día de la Tierra  tenía sólo 22 horas. Todo esto significa que algún día la Luna tendrá un periodo orbital de la Tierra exactamente igual al periodo rotacional de ésta (es decir. la Luna girará en torno a la Tierra a la misma velocidad en que la Tierra gira sobre sí misma) y esto provocará que la Luna aparezca estacionaria sobre un punto de la superficie de la Tierra. En este momento el día de la Tierra será 55 veces más largo de lo que es actualmente; pero esto no sucederá hasta dentro de algunos miles de millones de años. De modo que no hay que preocuparse...  ;-)

El fruto del movimiento de la Luna en torno a la Tierra no se detiene aquí, empero. También nos son familiares los efectos de este movimiento en los eclipses de Sol. Éstos son el resultado de la interposición de la Luna entre la Tierra y el Sol, pero ello sólo ocurre en ciertas ocasiones debido a que la órbita de la luna está inclinada 5 grados respecto al plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol; si los tres cuerpos se movieran en el mismo plano, tendríamos un eclipse cada mes. No obstante, se producen en realidad cierto número de eclipses al año, pero la mayor parte de ellos son parciales y, como el 70% de la superficie terrestre es agua, la mayoría tienen lugar sobre los océanos.


Veamos ahora algunos datos técnicos. La Luna es un cuerpo rocoso de 3.476 kilómetros de diámetro (un cuarto del diámetro terrestre) y su estructura interna es parecida a la de nuestro planeta. Posee un núcleo ferroso muy pequeño, de unos 700 kilómetros de diámetro, mientras que el manto ocupa gran parte del volumen  de la Luna. La  corteza es  muy delgada, con  un espesor  desigual en  las dos caras: unos 100 kilómetros en la cara  opuesta a la Tierra  y  unos  69 km. en la cara visible. Esto explica por qué ambas caras tienen una morfología tan distinta: mientras que la cara oculta presenta una superficie casi totalmente cubierta de cráteres, con algunas montañas y poquísimos "mares", éstos, en cambio, son muy numerosos en la parte visible. La razón se encuentra precisamente en la diferencia de espesor de la corteza: a lo largo de la historia geológica, la lava presente en el manto sale con más facilidad a la superficie en las zonas de corteza delgada, formando  los  mencionados  mares . Estos  "mares"  no  son  sino  depresiones  de  la superficie,   esto es, son zonas que se encuentran más bajas que el nivel medio del suelo.
Superficie de la Luna
La mayor parte de estas estructuras se encuentran en la parte orientada hacia la Tierra y se caracterizan por tener un número limitado de cráteres, por lo que se presentan como llanuras lisas y sin asperezas, así como por reflejar poco la luz solar, razón por la que aparecen como zonas oscuras. Las "tierras", sin embargo, son regiones más elevadas, a la altura del nivel medio o incluso más altas. Se caracterizan por una luminosidad mucho mayor y están cubiertas de cráteres de todos los tamaños que a veces, incluso, pueden llegar a superponerse.
La mayoría de estos cráteres se debe a la caída de meteoritos. El suelo lunar está casi completamente cubierto de estos cráteres de impacto; el hecho de que la Luna esté tan cerca de la Tierra y que en nuestro planeta no haya tantos cráteres  tiene  una  explicación  muy  sencilla:  la  falta  de  atmósfera  en  la  Luna.



Cuando un pequeño cuerpo procedente del espacio es atraído por la fuerza de la gravedad  y cae sobre la superficie, se presentan dos posibilidades. En el caso de un planeta con atmósfera, el meteorito, antes de tocar el suelo, atraviesa las capas gaseosas y se quema a causa del rozamiento que produce su enorme velocidad. Si este meteorito no es demasiado grande, la combustión reduce el objeto a mero polvo, el cual, por tanto, ya no puede provocar cráteres. Cuando no hay atmósfera, en cambio, incluso un bólido no mayor que un grano de arena, dada su velocidad, es capaz de causar un cráter en la superficie.
 

Sistema Tierra - Luna
Sistema Tierra-Luna
Sistema Tierra-Luna: mientras que el centro de masa se halla en el interior de la Tierra, el "punto neutro", donde la fuerza de la gravedad de la Tierra y de la Luna están compensadas, se halla en el espacio a 38.440 kilómetros de nuestro satélite y a 345.960 kilómetros de la Tierra. Los vehículos espaciales lanzados desde la Tierra que superan ese límite entran en la esfera de la atracción lunar.


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