Parábolas

Ejercicio de relacionar

Relaciona el texto de la izquierda con el título de la parábola correspondiente


"Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte cayó junto al camino, fue pisoteada y las aves se la comieron. Otra parte cayó en un pedregal y, nada más nacer, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre zarzas; las zarzas crecieron y la ahogaron.
Y otra cayó en tierra buena, nació y dio fruto, el ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "¡El que tenga oídos que oiga!".

"Un hombre tenía una higuera plantada en su viña; fue a buscar higos en ella, y no los encontró.
Dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo a buscar higos en ella y no los encuentro. Córtala. ¿Por qué va a ocupar un terreno inútilmente?
El viñador dijo: Señor, déjala también este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da higos; si no los da, la cortas".

Jesús les dijo: "¿A qué se parece el reino de Dios y a qué lo compararé? Es como un grano de mostaza, que toma un hombre, lo echa en su huerto y crece hasta llegar a ser como un árbol, en cuyas ramas anidan las aves. ¿A qué compararé el reino de Dios?
Es como la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas de harina, hasta que fermenta toda la masa".

Buena es la sal; pero si hasta la sal se vuelve sosa, ¿con qué se sazonará? No sirve ni para la tierra ni para el estercolero; se la tira. ¡El que tenga oídos para oír que oiga!".

¿qué mujer que tenga diez monedas, si pierde una, no enciende una luz y barre la casa y la busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado la moneda que había perdido.
Os digo que así se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente".

"¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la perdida hasta que la encuentra?
Cuando la encuentra, se la echa sobre sus hombros lleno de alegría, y, al llegar a casa, llama a los amigos y vecinos y les dice: ¡Alegraos conmigo, porque he encontrado mi oveja perdida!
Pues bien, os digo que habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse".

"Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Una viuda, también de aquella ciudad, iba a decirle: Hazme justicia contra mi enemigo.
Durante algún tiempo no quiso; pero luego pensó: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,le voy a hacer justicia para que esta viuda me deje en paz y no me moleste más".
Y el Señor dijo: "Considerad lo que dice el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Les va a hacer esperar?

Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber.
Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si ese criado es de mala condición y, pensando que su amo va a tardar en venir, se pone a maltratar a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su amo vendrá el día que él menos lo espere...

"Un hombre daba un gran banquete e invitó a muchos. A la hora del banquete mandó a sus criados a decir a los invitados: Venid, que ya está preparado el banquete. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco pares de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Un tercero dijo: Me he casado y no puedo ir. El criado regresó y se lo contó a su amo. El amo, irritado, dijo a su criado: Sal de prisa a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos. El criado dijo: Señor, he hecho lo que me mandaste y todavía hay sitio.
El amo le dijo: Sal por los caminos y cercados, y obliga a la gente a entrar para que se llene la casa.
Pues os digo que ninguno de los invitados probará mi banquete".

"Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar escondido ni la oculta en una vasija, sino que la pone en el candelero para que alumbre a los que entren. La lámpara de tu cuerpo son los ojos; si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si están enfermos, tu cuerpo estará oscuro. Cuida, por tanto, de que la luz que hay en ti no esté apagada. Pues si todo tu cuerpo está iluminado, al no haber en él parte alguna oscura, todo él resplandecerá como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor".


"El reino de Dios es como un hombre que echa una semilla en la tierra. Lo mismo si está dormido como si está despierto, si es de noche como si es de día, la semilla, sin que él sepa cómo, germina y crece. La tierra por sí misma da el fruto: primero la hierba, luego la espiga, después el grano gordo en la espiga. Y cuando el fruto está maduro, el hombre echa la hoz porque es el tiempo de la cosecha".