Crucifixión y muerte

Completa el crucigrama
23,26 Cuando lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
23,27 Lo seguía mucha gente del pueblo y mujeres, que se daban golpes de pecho y se lamentaban por él.
23,28 Jesús se volvió a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos,(...)
23,32 Llevaban también a dos criminales para ejecutarlos con él.
23,33 Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los criminales, uno a la derecha y otro a la izquierda.
23,34 Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Y se repartieron sus vestidos a suertes.23,35 El pueblo estaba mirando. Las mismas autoridades se burlaban, diciendo: "Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el mesías de Dios, el elegido".
23,36 También los soldados se burlaban de él, se acercaban y le daban vinagre,
23,37 diciendo: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo".
23,38 Encima de él había un letrero que decía: "Éste es el rey de los judíos".
23,39 Uno de los criminales crucificados le insultaba diciendo: "¿No eres tú el mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".23,40 Pero el otro le reprendió diciendo: "¿Ni siquiera temes a Dios tú que estás en el mismo suplicio?
23,41 Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo".
23,42 Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey".
23,43 Y le contestó: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
23,44 Hacia el mediodía las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde.23,45 El sol se eclipsó y la cortina del templo se rasgó por medio.
23,46 Y Jesús, con fuerte voz, dijo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Dijo esto y expiró.
23,47 El oficial, al ver lo que había ocurrido, daba gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente este hombre era justo".
23,48 Y toda la gente que había asistido al espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba dándose golpes de pecho.
23,49 Todos los conocidos de Jesús estaban a distancia, igual que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, presenciando todo esto.
23,50 Un hombre llamado José, miembro del tribunal supremo, hombre bueno y justo,23,51 de Arimatea, ciudad de Judea, el cual no estaba de acuerdo con las actuaciones del tribunal y que esperaba el reino de Dios,
23,52 se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
23,53 Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, en el que todavía no había sido puesto nadie.
23,54 Era el día de la preparación de la pascua, y rayaba ya el sábado.

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