Poetas anónimos del XVII

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Final Feliz

Afición por la mujer

Fray Antón

Los pensamientos de Filis

Letra

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Final feliz
Los ojos vueltos, que del negro dellos
muy poco o casi nada parecía,
y la divina boca helada y fría,
bañados en sudor rostro y cabellos,
las blancas piernas y los brazos bellos,
con que al mozo en mil lazos envolvía,
ya Venus fatigados los tenía,
remisos, sin mostrar vigor en ellos.
Adonis, cuando vio llegado el punto
de echar con dulce fin cosas aparte,
dijo: «No ceses, diosa, anda, señora,
no dejes de mene... », y no dijo «arte»,
que el aliento y la voz le faltó junto,
y el dulce juego feneció a la hora.

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POETA ANDALUSÍ (IBN JAFAYA)

FRANCISCO DE ALDANA

LUIS DE GÓNGORA

LOPE DE VEGA

FRANCISCO DE MEDRANO

QUEVEDO

ANÓNIMO (SIGLO XVII)

SAMANIEGO

RUBÉN DARÍO

GARCÍA LORCA

MIGUEL HERNÁNDEZ

PABLO NERUDA

MARIO BENEDETTI

CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE

 

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Afición por la mujer
Ninguna mujer hay que yo no quiera,
a todas amo y soy aficionado;
de toda suerte, condición y estado,
todas las amo y quiero en su manera.
Adoro la amorosa y la austera,
por la discreta y simple soy penado,
y por morena y blanca enamorado,
ora sea casada, ora soltera.
Todo lo que Dios cría es buena cosa,
tan mujer es aquésta como aquélla
lo que tiene la una, la otra tiene.
Agora sea fea, agora hermosa,
siempre es tenella por hermosa y bella,
que en la mujer el hombre se conviene.

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Fray Antón
No me le digáis mal,
madre, a Fray Antón;
no me le digáis mal,
que le tengo en devoción.
Madre, yo no niego
que él burla conmigo,
y de aqueste juego
siempre le castigo;
mil veces le digo:
«¡Padre, tentación!»
no me le digáis mal,
que le tengo en devoción.
Cuando estamos juntos
ambos de rodillas,
sácame por puntos
algunas cosillas;
háceme cosquillas
en el corazón.
No me le digáis mal,
que le tengo en devoción.
Yo tengo reposo
con su Reverencia,
que tiene presencia
de buen religioso;
aunque es peligroso
en mi salvación,
no me te digáis mal,
que le tengo en devoción.
Es fraile polido
de muy lindo talle,
que desde la calle
viene apercebido;
arroja el vestido,
y queda en jubón;
no me le digáis mal,
que le tengo en devoción.
Cuando quiere entrar
viene muy honesto,
mesurado el gesto
por disimular:
háceme turbar
su Visitación;
no me le digáis mal,
que le tengo en devoción.

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Los pensamientos de Filis
-¿Qué hacéis, hermosa? -Mírome a este espejo.
-¿Por qué desnuda? -Por mejor mirarme.
-¿Qué veis en vos? -Que quiero acá gozarme.
-Pues, ¿por qué no os gozáis? -No hallo aparejo
-¿Qué os falta? -Uno que sea en amor viejo.
-Pues, ¿qué sabrá ése hacer? -Sabrá forzarme.
-¿Y cómo os forzará? -Con abrazarme,
sin esperar licencia ni consejo.
-¿Y no os resistiréis? -Muy poca cosa.
-¿Y qué tanto? -Menos que aquí lo digo,
que él me sabrá vencer si es avisado.
-
¿Y si os deja por veros regurosa?
-Tenerle he yo a este tal por enemigo,
vil, necio, flojo, lacio y apocado.

 

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Letra
Si osase decir mi boca
lo que siente el alma mía,
señora, tocar querría
donde la camisa os toca.
No es mucho no tener tasa
este temor de perderos,
pues, señora, en el quereros
de la misma suerte pasa:
desde el chapín a la boca
os adora el alma mía,
y sólo tocar querría
donde la camisa os toca.
Si os viese yo, mi señora,
y sin camisa os tocase,
y otro bien no desease
aquesta alma que os adora,
y entonces ojos y boca
tocase la boca mía,
lo demás yo tocaría
donde la camisa os toca.
Siento yo extrañamente
de ver que os está tocando,
y con morir deseando
lo que ella goza y no siente;
pues diferencia hay poca
de su tocadura y mía,
señora, tocar querría
donde la camisa toca.
 

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