Pedro Salinas

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Cuanto rato te he mirado

Ayer te besé en los labios

Sí, reciente

La distraída

Qué cuerpos leves

Vivir en los pronombres

"...CADA BESO PERFECTO APARTA EL TIEMPO,

LO ECHA HACIA ATRÁS, ENSANCHA EL MUNDO BREVE

DONDE PUEDE BESARSE TODAVÍA..."

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¡Cuánto rato te he mirado

sin mirarte a ti, en la imagen

exacta e inaccesible

que te traiciona el espejo!

«Bésame», dices. Te beso,

y mientras te beso pienso

en lo fríos que serán

tus labios en el espejo.

«Toda el alma para ti»,

murmuras, pero en el pecho

siento un vacío que sólo

me lo llenará ese alma

que no me das.

El alma que se recata

con disfraz de claridades

en tu forma del espejo.

PRESAGIOS- 1924

 Ayer te besé en los labios
Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No. Te estoy besando más lejos.

PULSA EN CADA AUTOR PARA VER SU DESCRIPCIÓN DEL BESO:

 Luis de Góngora

 G. A. Bécquer

Rosalía de Castro

 Vicente Aleixandre

Jorge Guillén

Luis Cernuda

Miguel  Hernández

Rafael Morales

Blas de Otero

Caballero Bonald

Luis Antonio de Villena

 

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SÍ, RECIENTE

No te quiero mucho, amor.

No te quiero mucho. Eres

tan cierto y mío, seguro,

de hoy, de aquí,

que tu evidencia es el filo

con que me hiere el abrazo.

Espero para quererte.

Se gastarán tus aceros

en días y noches blandos,

y a lo lejos turbio, vago,

en nieblas de fue o no fue,

en el mar del más y el menos,

cómo te voy a querer,

amor,

ardiente cuerpo entregado,

cuando te vuelvas recuerdo,

sombra esquiva entre los brazos.

LA DISTRAÍDA

No estás ya aquí. Lo que veo

de ti, cuerpo, es sombra, engaño.

El alma tuya se fue

donde tú te irás mañana.

Aún esta tarde me ofrece

falsos rehenes, sonrisas

                 vagas, ademanes lentos,

               un amor ya distraído.

                Pero tu intención de ir

              te llevó donde querías

               lejos de aquí, donde estás

        diciéndome:

«aquí estoy contigo, mira».

Y me señalas la ausencia.

SEGURO AZAR (1924-1928)

 

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Qué cuerpos leves, sutiles...
¡Qué cuerpos leves, sutiles,
hay, sin color,
tan vagos como sombras,
que no se pueden besar
si no es poniendo los labios
en el aire contra algo
que pasa y que se parece!

¡Y qué sombras tan morenas
hay, tan duras
que su oscuro mármol frío
jamás se nos rendirá
de pasión entre los brazos!

¡Y que trajín, ir, venir
con el amor en volandas,
de los cuerpos a las sombras,
de lo imposible a los labios,
sin parar, sin saber nunca
si es alma de carne o de sombra
de cuerpo lo que besamos,
si es algo! ¡Temblando
de dar cariño a la nada!

¿Y si no fueran las sombras
sombras? ¿Si las sombras fueran
-yo las estrecho, las beso,
me palpitan encendidas
entre los brazos-
como cuerpos finos y delgados,
todos miedosos de carne?

¿Y si hubiese
otra luz más en el mundo
para sacarles a ellas,
cuerpos ya de sombra, otras
sombras más últimas, sueltas
de color, de forma, libres
de sospecha de materia;
y que no se viesen ya
y que hubiera que buscarlas
a ciegas, por entre cielos,
desdeñando ya las otras,
sin escuchar ya las voces
de esos cuerpos disfrazados
de sombras, sobre la tierra?

(La voz a ti debida, 1933)

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Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

del mundo,

sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

«Yo te quiero, soy yo».

TODO MÁS CLARO Y OTROS POEMAS(1949)

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