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Vamos a gozar como un caballo blanco

La luna

A veces me figuro que estoy enamorado

De noche

Momentos felices

Cuando fue a la cárcel

Yo estoy con el Ché, ¿y usted?

Gabriel Celaya

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(Marea del Silencio (1935)

¡Vamos a gozar como un caballo blanco

entre espumas y olor a salitre!

¡Vamos a gozar del agua fría,

de la brisa blanca,

del mar,  

de la vida!

¡Vamos a gozar de la luz y el aire

como un árbol quieto

en la plena tarde!

¡Vamos a gozar

como una planta que yace pasiva,

sin deseos, callada,

en una plenitud tranquila y total de su ser!

 

La luna

¡Qué espejo ciego

vuelto siempre hacia sí mismo!

La luna redonda y pura

desnudándose en las aguas del silencio.

Me quedo pálido y alto

y mi música se mueve con la música del cielo.

Me quedo blanco, callado

contemplándome en las aguas

quietas de mi pensamiento.

Esto me basta: Saber

que si veo cruzar peces

por el fondo de la luna transparente

serán tan solo el reflejo

de aquéllos que pasan lentos

por el fondo de mis ojos de oro y hielo.

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A VECES ME FIGURO QUE ESTOY ENAMORADO

A veces me figuro que estoy enamorado,

y es dulce, y es extraño,

aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,

y me siento tan solo

que por las noches bebo más que de costumbre.

Me ha enamorado Aaela, me ha enamorado Marta,

y, alternativamente, Susanita y Carmen,

y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,

pero me complace saberme uno de tantos

y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.

(Tranquilamente hablando, 1947)

 

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DE NOCHE

  • Voy a hablar del terror que no se piensa y ciega.
    Voy a hablar de la muerte suspendida allí lejos.
    Siempre miramos fijos. Mas no vemos lo cierto.
    O cerramos los ojos. Pero no estamos ciegos.
    ¿Qué es la muerte? Tan sólo la luz de lo sabido.
    ¿Y qué es eso, sabido? La luz sencillamente.
    ¿Y por qué nos asusta? Porque seguimos viendo
    cómo sigue mirando cuando ya no la vemos
    .
     (Cantos y mitos)

  •  

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    MOMENTOS FELICES
    Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
    tirando todo al fuego: poemas incompletos,
    pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
    fotografías, besos guardados en un libro,
    renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
    soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
    y así atizo las llamas, y salto la fogata,
    y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
    ¿no es la felicidad lo que me exalta?
    Cuando salgo a la calle silbando alegremente
    --el pitillo en los labios, el alma disponible--
    y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
    mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
    las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
    desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
    y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
    salpican de alegría que así tiembla reciente,
    ¿no es la felicidad lo que siente?
    Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
    pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
    aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
    y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
    y no quiero pensar si podremos pagarlo;
    y cuando sin medida bebemos y charlamos,
    y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
    y lo somos quizá burlando así a la muerte,
    ¿no es felicidad lo que trasciende?
    Cuando me he despertado, permanezco tendido
    con el balcón abierto. Y amanece: las aves
    trinan su algarabía pagana lindamente:
    y debo levantarme, pero no me levanto;
    y veo, boca arriba, reflejada en el techo
    la ondulación del mar y el iris de su nácar,
    y sigo allí tendido, y nada importa nada,
    ¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
    ¿No es felicidad lo que amanece?
    Cuando voy al mercado, miro los abridores
    y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
    los higos rezumantes, las ciruelas caídas
    del árbol de la vida, con pecado sin duda
    pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
    regateo, consigo por fin una rebaja,
    mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
    y abre la vendedora sus ojos asombrados,
    ¿no es la felicidad lo que allí brota?
    Cuando puedo decir: el día ha terminado.
    Y con el día digo su trajín, su comercio,
    la busca del dinero, la lucha de los muertos.
    Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
    me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
    y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
    y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
    sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
    ¿no es la felicidad lo que me envuelve?
    Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
    me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
    "Estaba justamente pensando en ir a verte."
    Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
    pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
    sino de cómo van las cosas en Jordania,
    de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
    y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
    ¿no es la felicidad lo que me vence?
    Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
    pasar por un camino que huele a madreselvas;
    beber con un amigo; charlar o bien callarse;
    sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
    mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
    ¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
    Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
    que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
    ¿no es la felicidad que no se vende?


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    Cuando fue a la cárcel después de cien Domingos,

    le dijeron: Su hijo murió el Viernes pasado.

    Domingo tras Domingo lo estaba presintiendo.

    Sabía. No lloró. Y en el primer ribazo

    sacó unas medias negras de su bolsa, y dejó

    la tortilla y la lata que le llevaba al preso.

    Se estiró bien las medias negras y, sin palabras,

    marchó hacia la estación como una castellana,

    sin llorar, bien erguida, bien puesta, y alta, alta.

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    JOSÉ LUIS GALLEGO  MARCOS ANA   JOSÉ HIERRO  MARÍA BENEYTO  

     ALFONSO SASTRE  CARLOS ÁLVAREZ VÁZQUEZ MONTALBÁN    

       LEOPOLDO MARÍA PANERO

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    YO ESTOY CON EL CHÉ, ¿Y USTED?

     EL enjambre del pueblo. La explosión del sol.

    La luz organizada de las guerrillas, Che.

    Tu ejemplo está estampando miles de combatientes:

    La columna vertebral de tu América, Che.

    Vamos a convertir el odio en energía:

    Las miradas de minúsculos en una tromba, Che.

    “Siempre se puede más”, nos recuerda Fidel.

    “Listos para la muerte. Listos para vencer”, Che.

    Porque el sueño fue un buen sueño

    como un muerto levantado con los vivos vives, Che.

    En las entrañas del pueblo, descubriéndole la luz

    y haciéndole ser más quien es, tú, Che.

    Yo estoy con el Che, ¿y usted? Claro que sí que no al yes.

       ¡Que viva el Che nunca muerto! ¡Que viva en su  luz Fidel!

     

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