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Bernardo López García

Al asesino de Abrahán Lincoln
Napolerón y los héroes del dos de Mayo
Oda a la Libertad
Oda al dos de Mayo

Al asesino de Abrahán Lincoln
De asombro y de dolor el alma llena,
severa juzga al que en el mal camina;
al bárbaro Nerón en la colina,
juez sin piedad la humanidad condena;

Lucrecia que el pudor desencadena;
Calígula, Tiberio, Mesalina,
cuantos hollaron la verdad divina,
afrenta son de la mundana escena.

Pero al llegar a Boot, los corazones
se estremecen y tiemblan; agitados
tiran la sonda, miden las pasiones
,
 solo aprenden de dolor prensados,
que han de estar los Tiberios y Nerones
de tan vil criminal avergonzados.

 

 

 

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Napoleón y los héroes del 2 de Mayo
Ellos murieron con la frente erguida;
también la tumba devoró al coloso
que humilló con su brazo poderoso
la cabeza de Europa enardecida.

Ellos cedieron con afán su vida
por el patrio blasón, noble y hermoso;
él, por regir con cetro belicoso
segundo Dios la humanidad vencida.

Una corona altiva y esplendente,
del tercer Bonaparte el culto abona
regia brillando en su blasón potente;

d
e ellos la tumba la virtud pregona;
¡héroes... dormid en paz...! para el que siente,
vuestra tumba es mejor que su corona...!

 

 

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ODA A LA LIBERTAD

¡Cuántos, sagrada libertad, murieron
víctimas de tu amor; cuántos sepulcros
a tus plantas se abrieron!...
Por ti el héroe espartano
asombra al persa al levantar su tumba
por muro entre la patria y el tirano.
Por ti con arrogancia
en ceniza y en humo se convierten
los hijos de Numancia.
Por ti eleva Sagunto sus hogueras
hasta el trono del sol, dando en su gloria
orgullo a las esferas,
mártires al Señor, luz a la historia.
Por ti trémulo Bruto
levanta sobre el trono del guerrero
la muerte en el puñal; por ti valiente
el indómito ibero,
en el cántabro mar sepulta impío
de Roma la gigante el poderío.
Por ti el mártir cristiano
del circo en la ancha arena
bendice a Dios, entre el rumor salvaje
del tigre y de la hiena.
Por ti ruedan los Gracos
al pie del Capitolio; por ti nacen
para eterno blasón de las naciones,
Pompeyos y Espartacos,
Pelayos, Viriatos y Catones:
y por ti con amor cuan grande fuerte
Jesús desciende, se transforma en hombre,
y con sangre divina escribe un nombre
en el libro terrible de la muerte.

 

 

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ODA AL DOS DE MAYO

Oigo, patria, tu aflicción,

y escucho el triste concierto

que forman tocando a muerto,

la campana y el cañón;

sobre tu invicto pendón

miro flotantes crespones,

y oigo alzarse a otras regiones

en estrofas funerarias,

de la iglesia las plegarias,

y del arte las canciones.

 Lloras, porque te insultaron

los que su amor te ofrecieron...

¡a ti, a quien siempre temieron

porque tu gloria admiraron:

a ti, por quien se inclinaron

los mundos de zona a zona;

a ti, soberbia matrona

que libre de extraño yugo,

no has tenido más verdugo

que el peso de tu corona...!

 Do quiera la mente mía

sus alas rápidas lleva,

allí un sepulcro se eleva

cantando tu valentía;

desde la cumbre bravía

que el sol indio tornasola,

hasta el África , que inmola

sus hijos en torpe guerra,

¡no hay un puñado de tierra

sin una tumba española!...

 Tembló el orbe a tus legiones,

y de la espantada esfera

sujetaron la carrera

las garras de tus leones;

nadie humilló tus pendones

ni te arrancó la victoria;

pues de tu gigante gloria

no cabe el rayo fecundo,

ni en los ámbitos del mundo,

ni en el libro de la historia.

 Siempre en lucha desigual

cantan tu invicta arrogancia,

Sagunto, Cádiz, Numancia,

Zaragoza y San marcial;

en tu suelo virginal

no arraigan extraños fueros;...

porque indómitos y fieros,

saben hacer tus vasallo, 

frenos para sus caballos

con los cetros extranjeros...

 Y aun hubo en la tierra un hombre,

que osó profanar tu manto...

¡Espacio falta a mi canto

para maldecir su nombre!...

Sin que el recuerdo me asombre

con ansia abriré la historia;

presta luz a mi memoria,

y el mundo y la patria a coro,

oirán el himno sonoro

de tus recuerdos de gloria.

 Aquel genio de ambición

que en su delirio profundo

captando guerra, hizo al mundo

sepulcro de su nación,

hirió al ibero león

ansiando a España regir;

y no llegó a percibir,

ebrio de orgullo y poder,

que no puede esclavo ser,

pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar

el sacerdote con ira;

¡guerra! repitió la lira

con indómito cantar:

¡guerra! gritó al despertar

el pueblo que al mundo aterra;

y cuando en hispana tierra

pasos extraños se oyeron,

hasta las tumbas se abrieron

gritando: ¡Venganza y guerra!...

 La virgen con patrio ardor

ansiosa salta del lecho;

el niño bebe en su pecho

odio a muerte al invasor;

la madre mata su amor,

y cuando calmado está

grita al hijo que se va:

"¡Pues que la patria lo quiere,

lánzate al combate, y muere:

tu madre te vengará!..."

 Y suenan patrias canciones

cantando santos deberes;

y van roncas las mujeres

empujando los cañones;

al pie de libres pendones

el grito de patria zumba

y el rudo cañón retumba,

y el vil invasor se aterra,

y al suelo le falta tierra

para cubrir tanta tumba!...

*  *  *

Mártires de la lealtad

que del honor al arrullo

fuisteis de la patria orgullo

y honra de la humanidad...

en la tumba descansad,

que el valiente pueblo ibero

jura con rostro altanero

que hasta que España sucumba,

no pisará vuestra tumba

la planta del extranjero.

 

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