50º ANIVERSARIO
DE
DE LITERATURA A JUAN
RAMÓN JIMÉNEZ
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Carmen Leiva Dueñas (2º A) |
CAPÍTULO
LII EL POZO ¡El pozo!... Platero, ¡qué
palabra tan honda, tan verdinegra, tan fresca, tan sonora! Parece que la
palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua fría. Mira: la higuera adorna y
desbarata el brocal. Dentro, al alcance de la mano, ha abierto, entre los
ladrillos con verdín, una flor azul de olor penetrante. Una golondrina tiene,
más abajo, el nido. Luego, tras un pórtico de sombra yerta, hay un palacio de
esmeralda, y un lago, que, al arrojarle una piedra a su quietud, se enfada y
gruñe. Y el cielo, al fin. (La
noche entra, y la luna se inflama allá en el fondo, adornada de volubles
estrellas. ¡Silencio! Por los caminos se ha ido la vida a lo lejos. Por el
pozo se escapa el alma a lo hondo. Se ve por él como el otro lado del
crepúsculo. Y parece que va a salir de su boca el gigante de la noche, dueño
de todos los secretos del mundo. ¡Oh laberinto quieto y mágico, parque umbrío
y fragante, magnético salón encantado!) —Platero, si algún día me echo
a este pozo, no será por matarme, créelo, sino por coger más pronto las
estrellas. Platero rebuzna, sediento y
anhelante. Del pozo sale, asustada, revuelta y silenciosa, una golondrina. Juan
Ramón Jiménez (Platero y yo) |