NOS HACEMOS
CON
NUESTRO HACER
Los actos humanos
suelen usarse como el centro de la reflexión moral, pero no
podemos olvidar que estos actos se dan siempre en un contexto.
Más que de actos aislados, cuando valoramos el
comportamiento de las personas desde el punto de vista moral, tendemos
a hablar globalmente de su conducta.
La moral basada en la
interpretación de actos aislados degenera en una
casuística donde
desaparece toda posibilidad de elaborar normas
y principios generales.
ACTIVIDAD 1: Averigua
el significado de la palabra casuística y
explica cómo sería un libro de ética que se
escribiera de "modo casuístico".
Los
hábitos o actitudes son predisposiciones
constantes y adquiridas
a actuar de un modo determinado ante una u otra situación. La
repetición de actos similares es lo que produce la
adquisición de actitudes o hábitos. Cuando hablamos de
vicios y de virtudes nos referimos a
hábitos moralmente malos y
hábitos moralmente buenos respectivamente.
El
conjunto de
actitudes y hábitos de una persona forman lo que llamamos su
carácter, su modo de ser
moral. No hay que confundir el
carácter, valorable moralmente, constituido por los
hábitos y actitudes adquiridos, con el temperamento, que es una
predisposición natural dada ya en las estructuras
psíquicas de cada individuo. El carácter se construye a
lo largo de la vida, mientras que el temperamento se desarrolla
según unas pautas heredadas.
ACTIVIDAD 2: ¿Basta
una acción mala para decir que alguien es una mala persona?
¿Y una buena acción para decir que es una buena persona?
Justifica tu respuesta.
El carácter se
construye. Y el carácter es, al fin y
al cabo, lo que somos, ya que es lo que define nuestro modo de actuar y
valorar. Es, pues, muy importante esta construcción,
¿cómo sucede? Vamos acumulando hábitos y actitudes
a lo largo de nuestra vida dependiendo del tipo de cosas que hacemos.
Dicho de otra manera, cada acto de nuestra
vida es importante, porque
contribuye a fortalecer o debilitar nuestros hábitos, a
eliminarlos o a crear otros nuevos. Realizar acciones a las que no
estamos acostumbrados cuesta mucho más trabajo que seguir unos
hábitos bien asentados. Los hábitos adquiridos nos
predisponen a realizar acciones semejantes a las que nos hicieron
adquirirlos. De este modo se cierra el círculo: los actos llevan
a los hábitos, el conjunto de éstos es el carácter
y éste facilita o dificulta la adquisición de
nuevos hábitos y, por tanto, la realización de los actos
relacionados con los mismos.
Lo que
somos,
nuestro carácter moral, se construye a partir de lo que hacemos
cotidianamente. Nos hacemos con nuestro hacer porque nuestro hacer
construye
nuestro modo de ser. Uno se convierte en un mentiroso porque se
acostumbra a mentir, y puede dejar de serlo si hace un esfuerzo y
comienza a decir la verdad habitualmente.
ACTIVIDAD 3: Cuando
decidimos hacer "lo que todos hacen", ¿qué hábito
estamos creando?, ¿en qué tipo de persona nos estamos
convirtiendo?. Justifica tu respuesta.
Carlos
Portillo
Fernández.
Última revisión: marzo de 2005