Aunque no estamos
determinados moralmente, ni por la biología, ni por nuestra
psicología, ni por la sociedad en la que vivimos, la moral,
tanto en su estructura como en sus contenidos, depende en cierta medida
de estos factores. Vamos ahora a considerar en qué medida
influyen sobre la misma:
El papel de la
herencia
genética se
reduce a la transmisión de la
estructura moral y de los mecanismos psicobiológicos del
conocimiento y la regulación de acciones. Estos son, en gran
medida, formales, es decir, se pueden rellenar con diferentes
contenidos que deben extraerse de alguna otra fuente. La
participación en la vida de un grupo social determinado
proporciona estos contenidos. Pero no
podemos
olvidar que la acción humana está referida a la realidad,
y esta referencia hace que los tipos de acción adecuados cambien
cuando la realidad cambia. Las sociedades humanas crecen o se
extinguen, compiten entre sí o se funden, se modifican en su
contacto unas con otras a lo largo del tiempo. Estos cambios producen
modificaciones en las conductas aceptadas por los
distintos grupos humanos. De este modo,
la historia completa el cuadro de los factores necesarios para explicar
la adquisición de los contenidos morales.
Este
carácter de transmisión genética de las
estructuras y no de los contenidos no es exclusivo de la moral, y ni
siquiera de la especie humana. La estructura
básica que permite que se dé este fenómeno es la
capacidad de aprendizaje. Los
etólogos destacan la existencia en
muchas especies animales de repertorios de conductas aprendidas, pero los seres
humanos somos capaces de comportamientos aprendidos en una medida en
que ningún otro animal lo es. Somos capaces de
aprender a construir y usar instrumentos y
herramientas complicados e inventar para ellos nuevos usos. Somos
capaces de aprender
lenguajes complejos que nos permiten describir situaciones, emociones y
propósitos. Somos capaces, de aprender las
reglas de organización del grupo en que vivimos, pensar sobre
ellas y compararlas con las de otros grupos. El aprendizaje, el
lenguaje y la cultura, son nuestros instrumentos de adaptación y
las
guías de nuestra conducta.
Esta
capacidad de aprendizaje
tan desarrollada se basa en la complejidad única del sistema
nervioso y del cerebro humanos, que nos hace capaces del manejo de
conceptos generales
aplicables
a situaciones parecidas entre sí. Esta base biológica
permite y determina la existencia de capacidades psíquicas que,
aunque forman parte integrante del repertorio de capacidades humanas
transmitidas genéticamente, pueden desarrollarse de distinto
modo en
cada individuo. Estas capacidades son lo que de la moral se hereda, y
constituyen la estructura moral. Lo demás no está en los
genes y dependerá del desarrollo personal y social de cada uno
de los seres humanos. A partir de esto, tenemos que aceptar
que la construcción de la moral de
cada persona depende en gran medida de su desarrollo psicológico. Este
hecho no ha pasado inadvertido a los psicólogos, los cuales han
añadido a sus teorías sobre el desarrollo cognitivo y
afectivo del individuo distintas teorías sobre el desarrollo moral.