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III. ORIENTACIONES METODOLÓGICAS
LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD MORAL DEL INDIVIDUO EN EL CONTEXTO SOCIAL
DEMOCRACIA: PODER, NORMAS Y LEGITIMIDAD
LOS PROYECTOS ÉTICOS Y LOS PROBLEMAS MORALES
SOBRE LA ESTRUCTURA DE LA VIDA MORAL Y SU DESARROLLO
SOBRE LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y LA CONVIVENCIA SOCIAL
SOBRE EL INTERÉS POR LOS PROBLEMAS MORALES Y LOS PROYECTOS ÉTICOS
SOBRE EL DESARROLLO MORAL Y CÍVICO PERSONAL
El desarrollo integral de la personalidad humana, que es el objetivo general de la educación, incluye la exigencia básica de la educación moral. Ésta tiene como finalidad conseguir el despliegue de las posibilidades morales, el perfeccionamiento de la capacidad de elegir teniendo en cuenta a los demás y la consecución de una mayor autonomía moral.
En el seno de una sociedad democrática, la educación moral converge con los objetivos de la educación cívica, esto es, aquella educación que se orienta al desarrollo de la ciudadanía. Dicho de otro modo, el desarrollo de las capacidades morales del individuo ha de asociarse en democracia al proceso de transmisión que la escuela pone en marcha de los valores y normas que inspiran, aunque sea idealmente, nuestras pautas y normas de convivencia, nuestro ordenamiento jurídico, social y político. Si la educación ha tenido siempre un papel destacable en el proceso de reproducción de las sociedades, lo propio de la educación democrática es que ese proceso sea consciente. Por ello, la educación moral de nuestro tiempo no se diferencia de la de tiempos anteriores en su compromiso con determinados valores, aquellos que cada sociedad ha querido hacer valer, sino en que ese proceso se realiza de manera abierta y deliberada y, sobre todo, mediante el cultivo de la racionalidad.
En este sentido, se ha señalado acertadamente desde muy diversos frentes, la educación moral no puede ser tarea sólo de un área o una materia, sino un objetivo al que deben contribuir las diversas áreas y, en general, todo el conjunto de actividades que se diseñen en el centro educativo.
Dado este carácter transversal de la educación moral, deben plantearse las razones que hacen necesaria y conveniente la materia de Ética. Pues bien, es justamente la convergencia entre educación moral y educación cívica en el seno de una sociedad democrática, la que pone de manifiesto la necesidad de la presencia de la ética, esto es, de aquella disciplina que se acerca a los problemas de nuestro tiempo, con especial interés sobre los conflictos de nuestro contexto más próximo y que explican, en mayor o menor medida, la identidad de nuestra cultura andaluza, utilizando la razón y la reflexión desde el ámbito de lo deseable.
Si la educación moral ha de estar comprometida con los valores propios de la democracia: la libertad, la igualdad, la tolerancia, la solidaridad, etc., la ética se ocupa de su legitimidad desde la perspectiva de la comprensión racional y la argumentación. Es la apelación a la conciencia y la reflexión desde el ámbito de lo normativo lo que, en tanto que disciplina racional, distingue y caracteriza a la ética. Pues la Ética saca a la luz la dimensión moral de la vida humana individual, social, histórica y política para analizarla, se interroga sobre su origen y su función desde el punto de vista de la racionalidad crítica, y no renuncia a orientar la acción desde el horizonte del deber ser.
Enmarcada en el ámbito de la educación para una ciudadanía democrática, la enseñanza de la Ética debe atender a un doble aspecto. En primer lugar, ha de ayudar de manera directa a esclarecer y fortalecer los mecanismos socializadores que aseguran una convivencia armónica y acorde con los principios superiores de nuestra organización social. Esta función adquiere mayor relevancia hoy en día, dado que las transformaciones en los mecanismos de socialización han debilitado la de los agentes tradicionalmente encargados de dicha tarea, agudizando así la necesidad de que la escuela, y en nuestro caso singularmente la Ética, ayude al alumnado a conformar su propia personalidad moral y su integración en la sociedad. En segundo lugar, además de contribuir desde su propia perspectiva a la finalidad socializadora de la escuela, la Ética ha de desempeñar una función de crítica social. Nuestra sociedad, como democrática que es, se ha dado a sí misma sus propias normas y pautas de convivencia y, al hacerlo, se ha dado a la vez unos ideales que se presentan como los propios de nuestro tiempo. En este sentido, hay que subrayar una vez más que la ética es aquella disciplina que estudia los problemas y los conflictos humanos mirando su vertiente normativa, esto es, los juzga desde la perspectiva del deber ser, de aquello que es deseable, y no sólo aquello que es deseado. Por ello, la Ética debe contribuir a la educación cívico-democrática, aportando los criterios desde los que orientar la crítica a la sociedad en la que nos desenvolvemos.
Además, como reflexión crítica que es, la Ética ha de permitir al alumnado ocuparse de los contenidos de su propia experiencia moral desde un nivel mayor de información, racionalidad e imaginación, favoreciendo así el progreso en la elección de formas de vida más satisfactorias para si y para los que le rodean, desde la libertad y la responsabilidad .
Así pues, frente a una consideración de la Ética centrada en la lógica interna de la disciplina se impone una consideración de lo que este saber puede aportar al desarrollo moral de los adolescentes y a la consecución de los objetivos de la educación cívica democrática. Por esa razón, frente al peso que en el desarrollo de la materia pueden tener las distintas teorías éticas o las controversias y disputas propias de la filosofía moral, es necesario hacer hincapié en los textos y documentos que proporcionan una realidad objetiva a los valores morales consensuados en nuestra sociedad. De ahí que Constitución, y sobre todo, la Declaración Universal de Derechos Humanos sean documentos de trabajo indispensables y un punto de referencia para los distintos núcleos temáticos que la ética cívica debe abordar.
Por otro lado, la educación cívica en una democracia es educación en el autogobierno. Esto significa educar no en la aceptación pasiva de lo dado, sino en la participación activa en los procesos de adopción de normas, en las tomas de decisiones, en el ejercicio del poder, etc. Son numerosos los testimonios que acreditan que el fortalecimiento de la democracia depende de manera directa de la existencia de ciudadanos y ciudadanas dotados con las actitudes, habilidades y conocimientos que exige un orden civil y político basado en la participación ciudadana. Y esta ciudadanía no es producto de un orden natural y espontáneo, sino que ha de ser forjada desde diversas instancias, y la educación es una de las de mayor peso. Por ello, la educación ética democrática debe perseguir del alumnado las más altas cotas razonables de participación que sean compatibles con la protección de los derechos y libertades individuales.
Esta invocación a la participación ha de estar guiada por el ideal de que sea una participación de personas informadas y responsables. De acuerdo con ello, la aportación de la Ética a la consecución de este objetivo tiene gran interés para la educación cívica y se desarrollaría en tres niveles. Primero, ha de velar por suministrar los conocimientos necesarios de aquellos principios, valores y normas que ordenan nuestras instituciones y la vida colectiva, descubriendo su legitimidad racional. Segundo, ha de desarrollar las capacidades y habilidades que son necesarias para una participación activa y responsable en la vida pública. Tercero, ha de fomentar actitudes acordes con la deliberación y participación a partir del interés por lo público, por lo que es de todos.
Es importante también considerar que la enseñanza de la Ética en una sociedad que se caracteriza por la diversidad y la pluralidad se enfrenta a un doble reto. En primer lugar, ha de destacar y hacer valer la oportunidad moral que supone la coexistencia de diversas interpretaciones y modos de vida. En segundo lugar, ha de prevenir y cortar la relación que, en ocasiones, se establece entre pluralismo y respeto a la libertad individual, por un lado, y el escepticismo, la indiferencia o el relativismo moral, por otro. En este sentido la materia debe mostrar los valores en los que se asienta cualquier visión propiamente ética: el valor de la reflexión, del diálogo, de la atención al otro, y de la razón y el sentimiento como vehículos conductores de la vida y las decisiones humanas. Es desde este trasfondo común desde el que se puede apreciar el valor y el respeto a la diferencias, el único desde el que la tolerancia adquiere su verdadero significado.
Por último, es necesario destacar que el carácter específicamente filosófico de la Ética y su autonomía en relación con otras disciplinas, que el alumnado ha de estudiar en el mismo curso, no suprime la pertinencia de sus relaciones. Así, la Ética mantiene una conexión relevante con la Geografía, la Historia y, en general, con las Ciencias Sociales, por cuanto éstas proporcionan al alumnado conceptos sobre la realidad social y sobre los problemas que son objeto de estudio en nuestra materia. Además, un análisis eficaz de los ideales éticos en las sociedades democráticas o de los conflictos morales actuales, por ejemplo, no puede prescindir de la dimensión histórica en la que se producen. Del mismo modo, las raíces psicológicas, sociológicas y antropológicas de nuestra moralidad, obligan a tener en cuenta las aportaciones de estas ciencias, evitando reduccionismos de cualquier índole.
Los objetivos se entienden como las intenciones que sustentan el diseño y la realización de las actividades necesarias, para la consecución de las grandes finalidades educativas. Se conciben así como elementos que guían los procesos de enseñanza-aprendizaje, ayudando al profesorado en la organización de su labor educativa.
La enseñanza de la Ética debe contribuir al desarrollo de las capacidades propuestas en los objetivos generales de etapa, desde las características y el punto de vista que le es propio, el de la reflexión sobre la dimensión moral de la vida humana.
En este sentido, deberá contribuir a promover los aprendizajes necesarios para que el alumnado desarrolle las siguientes capacidades:
1.- Reconocer la dimensión moral de la vida humana, comprendiendo los rasgos específicos que la fundamentan, y valorar su importancia en la conformación de la identidad individual.
En el análisis de la estructura de la vida moral, es imprescindible el reconocimiento del papel que el individuo tiene en la conformación de su propia personalidad moral; esto es, el aprecio de la libertad como rasgo esencial de la vida humana que, en tanto que intrínsecamente social, se halla vinculado al concepto de responsabilidad.
Sin dejar de reconocer la importancia que tiene la influencia de los factores biológicos y sociales, la responsabilidad respecto de uno mismo y de las consecuencias sobre los demás, de las acciones propias es punto de partida indispensable de la vida cívica y moral. Es, al mismo tiempo, la condición para el reconocimiento de los derechos individuales y de los deberes sociales que cada persona contrae en el seno de los grupos de los que forma parte y donde ha de aprender a ejercerlos .
2.- Comprender la génesis de los valores y normas morales y apreciar su papel en la regulación y orientación de la vida social y personal.
La consecución de este objetivo supone integrar, de manera armónica, las aportaciones de las diferentes teorías éticas sobre el aprendizaje y el desarrollo de los valores y normas morales. Dicho aprendizaje debe ir encaminado a que el alumnado no tenga una percepción exclusivamente negativa del ámbito de lo normativo, resaltando su carácter para regular la convivencia y facilitar la libertad personal y social.
3.- Conocer y respetar los principios y las normas fundamentales que regulan la convivencia social y analizar las fuentes de su legitimidad.
Este objetivo hace referencia a nuestro sistema de organización social y política, la democracia. Por un lado, es necesario conocer los conceptos fundamentales en los que se sostiene el ámbito político del Estado social de derecho y que encuentran su más claro reflejo en la Constitución, valorando sus logros y deficiencias. Por otro, los valores y principios que lo orientan, deben ponerse en relación con las normas que regulan la convivencia diaria, en especial, la de los centros educativos.
Asimismo, es necesario hacer hincapié tanto en los aspectos que refuercen la legitimidad de estos principios y valores, como en su capacidad para servir al análisis crítico de la realidad social y diaria del alumnado.
4.- Conocer y estimar los principales valores que inspiran la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros proyectos éticos contemporáneos y analizar desde ellos los más importantes problemas y conflictos morales del mundo actual.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es expresión de las aspiraciones éticas que la humanidad se ha dado, por lo que debe ser considerada como el referente normativo desde el que podemos juzgar los principales problemas que nuestro mundo tiene planteados: los atentados contra la dignidad y libertad de la vida humana, los distintos tipos de discriminación, las profundas desigualdades, la violencia en sus diversas formas, etc. En relación con nuevos problemas y conflictos morales, especialmente los relativos al medioambiente o al patrimonio común de la humanidad, es necesario contar con textos y declaraciones posteriores que amplíen el ámbito de los valores y las normas.
5.- Apreciar el diálogo y la pluralidad de puntos de vista distintos y estimar positivamente la diferencia como una forma de enriquecimiento personal y colectiva.
Este objetivo sitúa, por un lado, al diálogo como el principal medio de resolución de las diferencias y conflictos humanos. Más allá de este carácter instrumental, el diálogo ha de ser expresión del interés por puntos de vista distintos del propio y que el individuo debe apreciar por su contribución al desarrollo de una personalidad más flexible y abierta.
Se trata, pues, de valorar críticamente la diversidad cultural y moral de las sociedades modernas y de apreciar la tolerancia como una oportunidad que aparece en el seno de una sociedad abierta y plural.
6.- Interesarse por los problemas que afectan a los individuos y a los grupos sociales e implicarse en proyectos orientados a alcanzar modos de vida más justos y solidarios.
El interés por la suerte de los demás es una condición de la moralidad del ser humano, y es característico de la persona que es buena ciudadana el guiarse no sólo por el interés particular y propio, sino además considerar el bien común como un objetivo digno de ser perseguido.
Este objetivo se refiere también a la afectividad y al sentimiento como componentes importantes de la educación moral. El desarrollo de actitudes solidarias ha de ir unido al conocimiento y rechazo de las situaciones de injusticia y violencia. Asimismo, el ejercicio del diálogo necesita como condición de posibilidad el desarrollo de la capacidad de pensar y sentir "en el lugar del otro" y la capacidad para interesarse por los problemas ajenos, sean individuales o sociales.
7.- Mantener una actitud de participación y colaboración en la actividades de grupo y clase, considerándolas al mismo tiempo como una forma de compromiso social.
Este objetivo atiende a una doble perspectiva. De un lado, se refiere a la actitud de colaboración y participación que es deseable que el alumnado mantenga ya en el aula, ya en un plano más genérico, en cuantas actividades se desarrollan en el centro, ya en la utilización del debate como procedimiento de análisis de los conflictos, siempre dentro de un clima de diálogo y tolerancia positiva. De otro lado, el objetivo hace alusión a la valoración que en el seno de la sociedad democrática merece la participación y colaboración cívica, no sólo como un factor de desarrollo personal sino en tanto que constituye un criterio de excelencia pública moral.
III.
ORIENTACIONES METODOLÓGICAS
Aún cuando los contenidos se hayan presentado organizados en núcleos temáticos que especifican hechos y conceptos, junto con los procedimientos y actitudes más directamente relacionados con ellos, esta presentación no establece criterios de organización unidireccionales o excluyentes de otras posibles articulaciones.
El hecho de que cada núcleo temático incluya diversas cuestiones relevantes, que pueden dar origen a un número diferente de unidades didácticas, hace necesario que cada equipo, dentro del profesorado, decida la selección de objetos de estudio y la organización y articulación de los contenidos en propuestas concretas de enseñanza aprendizaje. Para ello ha de atender, por un lado, a las condiciones reales e intereses de su alumnado y, por otro, a los criterios de carácter general que se desprenden de la propia estructura de la disciplina y de la investigación sobre la intervención pedagógica.
Aunque en algunas ocasiones haya de hacerse más hincapié en las actitudes y otras en los procedimientos o en los conceptos, no tiene sentido programar actividades diferentes para cada uno de ellos, ya que sólo la atención a los tres tipos de contenidos podrá desarrollar las capacidades propuestas en los objetivos. Este principio adquiere en la Ética una especial relevancia, por cuanto las actitudes morales que se proponen han de estar fundamentadas dentro de la propia disciplina y en relación con los procedimientos implicados en su desarrollo.
Siendo los métodos propios de la Ética de carácter filosófico, la argumentación, la discusión y el debate de las ideas son procedimientos que han de ser puestos en juego por el alumnado de forma continuada en las actividades de grupo, por cuanto implican el desarrollo de la capacidad crítica, entendida ésta como análisis y discernimiento, y no como mera oposición o ejercicio gratuito de negación. En estas actividades de grupo, es necesario propiciar el intercambio fluido de ideas, potenciando la participación ecuánime en los debates y toma de decisiones, como mecanismo corrector de discriminación sexista. Se contribuirá así, desde la propia actividad del aula, a establecer unas relaciones más justas y equilibradas entre las personas.
Por otra parte, la constatación de sistemas normativos heterogéneos, de intereses contrapuestos y de modos diversos de entender la mejor forma de actuar hacen patente la conflictividad de la vida moral. De ahí la necesidad de ejercitarse en el razonamiento y la utilización del juicio moral. Analizar diversos factores que confluyen en determinada situación, poner en relación la diversidad de normas y valores que están presentes en una actuación, someter normas y valores a la justificación de sus pretensiones de validez, recurrir a principios que, a su vez, han de ser justificados, supone el aumento de competencias necesarias para el desarrollo del conocimiento moral. Pero, además, la atención a las consecuencias de las decisiones que se adopten, el uso del diálogo, el análisis de motivos e intereses de los participantes en una situación dada, implican el desarrollo de la afectividad y el sentimiento. A ambos aspectos ha de atender la intervención pedagógica.
En este sentido, es necesario atender, de forma progresiva, a la precisión en la identificación y el uso de las construcciones conceptuales más relevantes, superando la tendencia a la simplificación, la trivialización, al uso dogmático o a la interpretación sesgada de conceptos relevantes por sus implicaciones, por ejemplo, los conceptos de autonomía y heteronomía moral. Las discusiones y análisis de modos de conducta concretos puede ser un recurso para establecer el significado y uso de estos conceptos, diferenciando los comportamientos y las actitudes que ellos implican de otras como la lealtad o respeto, rebelión o desconsideración hacia los otros.
Por otra parte, la investigación pedagógica plantea la conveniencia de utilizar recursos que generen conflicto cognitivo, con el fin de potenciar el paso a estadios superiores de moralidad. Resolución de dilemas morales de carácter real o hipotético, planteamiento consciente de situaciones de conflicto real que vivan los jóvenes en sus interacciones sociales, debates y discusiones que permitan enfrentar puntos de vista diversos y presentación de razonamientos propios de un nivel superior al que, en principio, se plantea la discusión, se consideran estrategias que pueden facilitar ese progreso en el razonamiento moral que se considera deseable.
En la vida cotidiana de los propios jóvenes, en la realidad política y social que nos presentan los medios de comunicación, en las obras literarias, enlas películas, están presentes conflictos y dilemas morales que son un recurso idóneo para el trabajo en el aula. La selección de materiales que expongan situaciones de conflicto moral por desacuerdo entre valores, por conflicto normativo o por indefinición, puede convertirse en el punto de partida para realizar ejercicios que faciliten el desarrollo de capacidades propuestas.
Aunque las formas de analizar los conflictos pueden ser muy diversas, en todo caso, es necesario que el alumnado reconozca la situación conflictiva, que identifique los diversos factores presentes en la misma, y analice, con la mayor objetividad posible, los argumentos de las partes implicadas. La aplicación de principios de carácter general, previamente formulados por el alumnado, la consideración de los intereses de todos los afectados, la valoración de las consecuencias que comportaría la adopción de cada una de las posiciones posibles son condiciones que favorecen la probabilidad de alcanzar acuerdos racionales.
El ejercicio del diálogo exige el recíproco reconocimiento de los que intervienen en él, el intercambio y contraste de puntos de vista diferentes, el respeto mutuo y la comprensión y reconocimiento de las posicionesajenas. Por ello habrá que desarrollar todo tipo de estrategias para que todos y cada uno de los participantes tengan la posibilidad de intervenir, estableciendo un ambiente escolar que propicie la participación real y efectiva de cada miembro del grupo. Por otra parte, el reconocimiento de la validez del diálogo como expresión de racionalidad no significa imponer, por cualquier medio, la necesidad de “consensos” en el ámbito moral, que podrían actuar como frenos de iniciativas o de nuevas formas de moralidad.
El recurso al teatro, al cine, a la literatura o a las informaciones transmitidas por los medios de comunicación son, entre otros, elementos importantes para el trabajo con conflictos y dilemas, instrumentos motivadores para fijar la atención del alumnado, además de desempeñar un importante papel en el desarrollo y potenciación de los sentimientos y la afectividad. En este sentido, el estudio en el campo de las ciencias sociales de situaciones de carencia e injusticia padecidas por los individuos y los pueblos, en el pasado o en la actualidad, deben actuar como estímulo para implicarse en el desarrollo del bienestar de los más desfavorecidos.
Al fijar los objetivos se ha comenzado a concretar el marco general de referencia, delimitando qué debe enseñarse a través de la materia en esta etapa educativa. Con el desarrollo del capítulo de contenidos se pretende concretar más esta intencionalidad, completando así el qué enseñar.
En consecuencia, se consideran como contenidos los conceptos, los procedimientos y las actitudes que se generan. Nos alejamos con ello de reducir los mismos a simples enunciados que desembocan en saberes efímeros y desprovistos de significado. Con los procesos de construcción del pensamiento a través de los procedimientos, se generan conceptos capaces de incorporarse a los propios esquemas vitales.
De este modo, la selección de contenidos así como su organización en diferentes núcleos, que se presenta a continuación, debe entenderse como un referente inicial a partir del cual los centros y el profesorado deberán elaborar sus propios proyectos curriculares y programaciones de aula atendiendo a la singularidad de su alumnado. Se pueden considerar así diversos grados de profundización, abordándolos en distintos momentos, integrándolos con otros contenidos, presentándolos en unidades didácticas interdisciplinares o adaptándolos al alumnado con necesidades educativas especiales.
Los contenidos se presentan en tres núcleos temáticos relacionados con los objetivos especificados en el apartado anterior. No representan contenidos nítidamente diferenciados ni pretenden una secuenciación y organización determinada, sino que hacen referencia a conjuntos de temas y problemas que admiten diferentes articulaciones.
LA
FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD MORAL DEL INDIVIDUO EN EL
CONTEXTO SOCIAL
En primer lugar, es necesario que el alumnado tome conciencia de la responsabilidad que tiene en su propia conformación como ser individual. La capacidad que la persona tiene de modelar su propio destino, la responsabilidad que contrae ante sí misma y ante los demás, la libertad y, en definitiva, el carácter inevitablemente moral de la condición humana, constituyen un conocimiento básico e implican unas actitudes necesarias para el reconocimiento del papel que los individuos deben jugar en los grupos sociales de los que forman parte y, especialmente, en el seno de una sociedad democrática.
Son relevantes en este núcleo las aportaciones de la psicología y la sociología para la comprensión de los mecanismos que hacen posible la integración del individuo en la sociedad y la formación de la personalidad moral a través del aprendizaje. Asimismo, es importante partir de la propia experiencia del alumnado, aunque probablemente inconsciente, de preferencias, valoraciones y, particularmente de la existencia de conflictos entre lo que se quiere hacer y lo que, desde diversas instancias, se indica como deber. Se trata, pues, de clarificar algunos conceptos básicos como norma, valor, virtud o principio moral, así como sus relaciones.
Puesto que se trata de reconocer el papel de la propia persona, es especialmente adecuado aquí poner de manifiesto la necesidad y la importancia de tener que elegir, el decidir entre alternativas que aparecen en conflicto y el descubrimiento, por tanto, de la libertad y la responsabilidad del sujeto en la tarea condicionada, pero abierta, de la construcción de su personalidad moral.
Asimismo, han de tratarse aquellas cuestiones que ayudan al alumnado a conformar su propio proyecto vital, de modo que sea responsable y esté orientado hacia la consecución de un modelo de vida virtuoso y una sociedad más justa. Son interesantes, en este sentido, las aportaciones que las teorías éticas han realizado a lo largo de la historia en sus consideraciones en torno al placer, la felicidad, el deber, etc., que han de aparecer como elementos para la configuración de un modo de vida más pleno y solidario.
Las actitudes que han de tenerse en cuenta son aquellas que inciden en la disposición a actuar responsablemente y cuidar de los otros y de uno mismo, a meditar y calcular los efectos que las acciones propias tienen sobre los demás, a aceptar las consecuencias que se derivan de las propias acciones y a apreciar las perspectivas y puntos de vista ajenos. Las habilidades y los procedimientos que han de acompañar al trabajo con estos conceptos y actitudes, suponen progresar en el uso correcto y preciso de términos básicos de carácter ético, tanto en los debates y discusiones como en los informes escritos, recabar información y organizarla de forma coherente, dar cuenta de manera razonada ante los demás, oralmente o por escrito, de las opciones propias, y ser capaz de tener en cuenta la perspectiva ajena como una oportunidad para elaborar el propio punto de vista y un modo de vida más interesante.
En resumen, además de los procedimientos y actitudes mencionados, resultan claves en este bloque de contenidos los conceptos de ética, moral, libertad, responsabilidad, deber y felicidad.
DEMOCRACIA:
PODER, NORMAS Y LEGITIMIDAD
El alumnado ha de aprender a analizar la normativa social desde el punto de vista de su racionalidad moral, esto es, de su legitimidad. En este sentido, y dado el carácter especialmente problemático que en el tramo final de la educación secundaria tienen las relaciones de los adolescentes con las normas, es especialmente conveniente el análisis de los diversos tipos de las mismas, las funciones que desempeñan, las instancias que las establecen, y sus pretensiones de legitimidad. Se tratará de hacer avanzar al alumnado desde el conflicto entre la aceptación y/o rechazo de las normas, superando el egocentrismo y el puro convencionalismo, hacia la adopción de actitudes más racionales y autónomas en el ámbito de la moralidad.
En este núcleo tienen cabida los problemas relativos a la convivencia humana en su dimensión pública y colectiva, los conflictos que en torno a la misma se generan y las posibles vías de solución. La organización de contenidos ha de resaltar la importancia del diálogo y de la búsqueda del consenso y el rechazo a la imposición, al autoritarismo y a la violencia. El horizonte que debe presidir el tratamiento de los problemas en torno a las normas y a la coerción externa es la comprensión de la democracia como forma de organización social y política, y como mecanismo del proceso colectivo de toma de decisiones. Es importante así la profundización en el concepto de democracia, en los valores que conlleva y en los supuestos teóricos y prácticos que la sostienen. Resulta conveniente, en este punto, resaltar la importancia de la ley y determinadas concreciones de la misma que permiten guardar un equilibrio entre orden y libertad. Son relevantes el ejemplo de la Constitución y otros documentos que pueden ser más cercanos, como los reglamentos de funcionamiento de los centros educativos.
Los temas transversales de Educación para la democracia y Educación para la paz y la no violencia son un referente indispensable en este bloque de contenidos y pueden convertirse en ejes articuladores de los mismos. Por otra parte, la educación vial, en la medida en que implica el respeto a las normas básicas de convivencia, puede ser reforzada y servir de ejemplo en los tratamientos que se hagan de las cuestiones relativas a las normas y su aceptación.
Por otro lado, aunque el diálogo en sus distintos modos de articulación (debates, puestas en común, etc.) ha de ser un método de trabajo permanente en el aula de Ética, en estos temas es donde, de manera especial, se ha de hacer hincapié en el desarrollo de la capacidad de aceptar puntos de vista diferentes y en la disposición para llegar a acuerdos, a pesar de las diferencias que les puedan separar. Además de la habilidad para cooperar y trabajar con otros hay que tener en cuenta las actitudes de tolerancia y de respeto por la ley y las normas establecidas cívicamente.
En resumen, además de los procedimientos y actitudes mencionados resultan fundamentales en este bloque de contenidos los conceptos de poder y autoridad, la ley, orden y libertad, las normas y su legitimación, autonomía y heteronomía, violencia y diálogo, democracia y ciudadanía.
LOS
PROYECTOS ÉTICOS Y LOS PROBLEMAS MORALES
La Declaración Universal de los Derechos Humanos como cristalización de los ideales morales que la humanidad ha ido construyendo a lo largo de la historia, debe ser objeto de análisis y valoración: su génesis, los artículos más importantes, los valores y argumentos en los que se apoya y las implicaciones éticas y políticas que conlleva. La Declaración Universal ha de servir, además, como horizonte desde el que realizar el análisis y la crítica social, canalizando así de modo racional los anhelos y deseos de un mundo más justo. Desde esta perspectiva deben ser tratados los problemas y conflictos referidos a las grandes desigualdades (norte-sur, ricos-pobres...), las discriminaciones (por razones de género, raza, creencias religiosas...), los atentados contra la dignidad humana (la emigración, los refugiados, las nuevas formas de esclavismo...) y todo el amplio abanico de problemas que denuncia la Declaración.
La correcta comprensión de estos temas exige una mínima aclaración sobre el significado del concepto mismo de derecho, su vinculación con las formas jurídicas y su relación intrínseca con conceptos como el de deber, obligación y responsabilidad.
El significado y concreción de actitudes como la solidaridad con los más desfavorecidos, la sensibilidad ante la injusticia, el rechazo a todo tipo de discriminación, a los estereotipos y prejuicios irracionales, a la xenofobia y el racismo han de ser de esta forma los temas tratados.
En todo caso, y desde el horizonte de los valores y exigencias de la Declaración Universal de Derechos Humanos y otras declaraciones y textos posteriores, es necesario analizar los problemas y conflictos, locales o mundiales, contemporáneos más relevantes en cada momento. Así, deben incluirse las cuestiones relacionadas con la problemática medioambiental, fomentando la sensibilidad hacia los otros seres vivos y la solidaridad con las futuras generaciones ante la posibilidad de transmitirles un medio natural degradado. Asimismo, cabría tratar aquí problemas morales derivados del desarrollo y aplicación de las nuevas tecnologías de la información o de las biotecnologías. La Educación medioambiental y Educación para la paz son temas transversales que han de orientar los contenidos correspondientes en este núcleo temático.
En resumen, además de los procedimientos y actitudes mencionados, resultan fundamentales aquí los conceptos de derechos humanos, solidaridad, igualdad y discriminación, dignidad, deber, medioambiente y justicia.
La valoración del proceso que se va desarrollando en la comunicación didáctica exige reunir información diversa, analizarla y aprovecharla para mejorar e incluso replantearse el proceso con el fin de ayudar mejor al alumnado en su aprendizaje y maduración. La evaluación, no los exámenes o pruebas excluyentes, plantea las interrogaciones siguientes: ¿para qué evaluar?, ¿qué, cuándo y cómo evaluar? Los dos caminos contrapuestos son el de examinar y juzgar el nivel de información escolar, mediante controles que excluyan de la promoción al alumnado de más bajo nivel, o el de ir elaborando un informe cualitativo que ayude a mejorar la tarea docente para desarrollar las diversas capacidades y actitudes del alumnado. Por este segundo camino se atiende a la diversidad y se puede integrar compensando las carencias. No es posible enseñar y que todos aprendan del mismo modo o al mismo ritmo, ya que cada persona aprende con su manera de ser, de pensar, de sentir y de hacer. Este procedimiento básico de la evaluación para aprender exige que el alumnado se haga responsable de su propio aprendizaje.
Sin perjuicio de lo establecido en el Real Decreto 3473/2000, de 29 de Diciembre, en este apartado se establecen criterios que ayudan a valorar el desarrollo de las capacidades propuestas.
Estos criterios de evaluación emanan de la justificación que se ha hecho de la materia y, por tanto, de la propuesta de objetivos y contenidos realizada. Como resultado del trabajo con los contenidos, los alumnos y alumnas deberán desarrollar una serie de rasgos, profundamente interrelacionados, que pueden considerarse como metas deseables en el proceso de enseñanza y aprendizaje y que se presentan organizados en grandes campos de capacidades relacionados con los objetivos propuestos.
SOBRE
LA ESTRUCTURA DE LA VIDA MORAL Y SU DESARROLLO
En este ámbito de capacidades, se pretende conocer y valorar la dimensión moral de la vida humana y comprender su desarrollo. En este sentido, el alumnado ha de mostrar un conocimiento adecuado de los rasgos propios de la moralidad humana y de conceptos básicos de la estructura moral de los seres humanos, tales como libertad, dignidad personal, valor, norma, deber y responsabilidad moral, aplicándolos a situaciones concretas. El aprendizaje conceptual ha de plasmarse al utilizar de forma precisa los términos básicos al elaborar la información o al transmitirla de forma oral o escrita.
Se incluye además en este criterio, la capacidad de analizar las normas y pautas que rigen la convivencia atendiendo al proceso de su formación y a los valores que encarnan. En relación con las normas y valores, se podrá evaluar también la capacidad del alumnado para comprender el papel y el significado histórico y plural de las normas y valores morales de los individuos y de las sociedades humanas, sin derivar hacia la indiferencia moral ni el relativismo absoluto.
SOBRE
LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y LA CONVIVENCIA SOCIAL
Analizar el significado ético y político de la democracia como espacio de la vida moral (el Estado de derecho,el poder, la obediencia o desobediencia a las leyes, el papel de los derechos humanos en la legitimación del poder político, etc.), así como conocer y respetar los principios y normas que regulan la convivencia, constituyen criterios de evaluación definidos en este ámbito.
Por tanto, el alumnado ha de conocer y expresar, de modo correcto y razonado, la noción de sistema democrático y del Estado social de derecho como forma de organización política en España, valorando sus logros y deficiencias, así como aplicar en situaciones concretas conceptos fundamentales del ámbito ético-político (poder, ley, orden y libertad, derechos y deberes, etc.) En relación con este tema, puede comprobarse su conocimiento sobre los sistemas éticos occidentales más relacionados con el reconocimiento de las libertades y los derechos de las personas.
Además, este criterio remite al progreso del alumnado para analizar, tanto las normas y valores, como las razones que justifican su aceptación, respeto, o rechazo; la capacidad de dichas normas para formular principios que puedan tener validez universal y aplicaciones concretas, así como las actitudes de aprecio por las formas de conducta que favorecen la construcción de una vida armónica en sociedad.
SOBRE
EL INTERÉS POR LOS PROBLEMAS MORALES Y LOS PROYECTOS
ÉTICOS
Este criterio hace referencia a la capacidad para conocer y expresar los valores fundamentales presentes en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros proyectos éticos contemporáneos, relacionándolos con realidades conflictivas donde manifiesten su carácter. Del mismo modo, el alumnado ha de reconocer los rasgos que singularizan los problemas morales, identificar y expresar de modo fundamentado los principales conflictos del mundo actual, señalando alternativas y vías de solución.
Estos conocimientos han de implicar el desarrollo de las capacidades de empatía y adopción de una perspectiva social que permita: adoptar una posición abierta hacia los problemas de los otros, poder entender sus puntos de vista, sentirse afectado por sus problemas e interesarse por ellos, facilitando así la cooperación y la solidaridad. El desarrollo de la sensibilidad ante el sufrimiento y la humillación del ser humano y ante el deterioro del medio natural y cultural, ha de ponerse de manifiesto, dentro del contexto del aula, en los trabajos sobre los problemas morales y los proyectos éticos.
SOBRE
EL DESARROLLO MORAL Y CÍVICO PERSONAL
Este criterio de evaluación remite a un conjunto de actitudes y procedimientos íntimamente relacionados y que han de desarrollarse y ponerse de manifiesto, tanto en el trabajo en el aula como en el contexto más amplio de la vida social. Se pretende comprobar el progreso moral y cívico que va alcanzado el alumnado a lo largo del curso.
Reconocer y valorar el diálogo y la argumentación como procedimiento racional para resolver conflictos, su utilización para justificar las propias posiciones éticas o refutar las ajenas y la capacidad de escuchar en los debates. Se pretende evaluar, también, el uso adecuado de la argumentación sobre dilemas y conflictos morales, y el grado de apertura hacia las posiciones divergentes de los interlocutores, tanto en el aula como en el ámbito familiar y social, manifestando actitudes de tolerancia y respeto.
Asimismo, se ha de comprobar el reconocimiento y valoración de lo comunitario, que se muestra en las actitudes de respeto hacia las normas elaboradas legítima y democráticamente, en el interés e implicación en los problemas que le afectan como miembro de la sociedad y al participar y cooperar en las actividades programadas tanto en el aula como fuera de ella.
El grado de desarrollo en las capacidades mencionadas podría relacionarse con la construcción de un código de conducta moral personal y autónomo, comenzando en esta etapa del desarrollo psicológico su itinerario personal de madurez moral, que va superando niveles convencionales rudimentarios, para pasar a defender derechos universales.
