| Primer estadio:
moral de presión adulta. |
De los dos a los
seis años los niños son capaces de representar las cosas
y las acciones por medio del lenguaje, esto les permite recordar sus
acciones y relatar sus intenciones para el futuro. Sin embargo, no
pueden aún realizar razonamientos abstractos, por lo que no
pueden comprender el significado de las normas generales. Esto hace que
las vean como cosas concretas imposibles de variar que se han de
cumplir en su sentido literal. Estas normas son, además,
exteriores a los niños, impuestas por los adultos, por lo tanto
la moral se caracteriza en esta fase de desarrollo por la
heteronomía. |
| Segundo estadio:
moral de solidaridad entre iguales. |
De los siete a
los once años, los niños adquieren la capacidad de
realizar operaciones mentales con los objetos que tienen delante. No
pueden aún hacer generalizaciones abstractas pero se dan cuenta
de la reversibilidad de algunos cambios físicos y de las
posibilidades del pensamiento para detectar relaciones entre las cosas.
Las normas dejan de ser vistas como cosas reales que tienen su origen
en una autoridad absoluta y exterior -los adultos- y comienzan a
basarse en el respeto mutuo entre los compañeros de juego, los
iguales. De aquí surge la noción de la convencionalidad
de las normas o reglas de los juegos, que son vistas como productos de
acuerdos entre los jugadores. Surgen sentimientos morales como la
honestidad -necesaria para que los juegos funcionen- y la justicia. El
respeto a las normas se deriva del respeto al grupo y la necesidad de
un cierto orden en el mismo para el mantenimiento del juego, sin
embargo, la aplicación de estas normas y de los conceptos y
sentimientos morales es poco flexible. Las normas no son ya cosas, pero
siguen estando ligadas a las cosas y situaciones concretas,
probablemente porque la capacidad intelectual de los niños no ha
llegado aún al desarrollo del pensamiento abstracto y de la
generalización. |
| Tercer estadio:
moral de equidad. |
De los doce
años en adelante los niños sufren cambios
biológicos y psicológicos radicales. Se produce la
maduración sexual, pero también una maduración
biológica general que potencia el desarrollo intelectual y
moral. Los niños, en esta etapa, se convierten en adolescentes y
sus estructuras de conocimiento permiten ya las generalizaciones y la
realización de operaciones mentales abstractas. Los conceptos se
integran en sistemas de proposiciones y se aprende a pasar de lo
particular a lo general y de lo general a lo particular.
En esta
etapa
surgen sentimientos morales personalizados, como la compasión o
el altruismo, que exigen la consideración de la situación
concreta del otro como un caso particular de la aplicación de
las normas. Gracias a esto, la rigidez de aplicación de las
normas y conceptos morales, propia del estadio anterior, desaparece,
completándose el paso de la presión adulta al control
individual de la propia conducta. El adolescente formula principios
morales generales y los afirma de un modo autónomo frente a las
normas exteriores. El respeto a estas últimas se realiza de un
modo personal. |