CONTENIDOS
DE LA
CONCIENCIA MORAL
Las valoraciones
de la conciencia moral se expresan en forma de juicios. Afirmamos o
negamos que las cosas, las acciones, las situaciones son buenas o
malas. Estas cosas, acciones, etc. son los objetos de
la valoración moral, y el bien y el mal son las cualidades que
les
atribuimos. En
principio,
parece que los juicios morales son iguales a cualquier otro tipo de
juicios que atribuya cualidades a cosas o acciones. Gramaticalmente,
las frases "Fulano es bueno" y "mi coche es rojo" son equivalentes. Sin
embargo, hay algo que las diferencia. El significado de rojo es
definible en términos físicos, pero el de
bueno no parece
serlo.
En los intentos
de definición del bien y del mal, la moral se enfrenta a su
mayor
contradicción interna. Cada cultura, cada pueblo, cada grupo
social,
cada familia, cada individuo tiene, de hecho, su propia
interpretación
de lo que está bien o mal. Por otra parte, estas
interpretaciones
intentan ir más allá de los individuos o grupos que las
defienden,
pretenden, de algún modo, ser universales, válidas para
todo el mundo.
Cuando decimos que matar seres humanos es malo, estamos diciendo que
aquellos pueblos y aquellas personas que lo consideran bueno, justo o
legítimo se equivocan. La moral de un caníbal o un
defensor de la pena
de muerte se opone a la que se deriva del quinto mandamiento de los
judíos y los cristianos -no matarás- o a la que se
expresa en el tercer
artículo de la declaración de los Derechos Humanos de la
ONU -todo
individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su
persona-.
ACTIVIDAD 1: Busca
información sobre la teoría de los sofistas y la de
Platón sobre la universalidad o relatividad del bien y el mal.
Escribe un texto de al menos una página comparando las dos
posturas.
El
bien en
general, y no sólo en sentido moral, se ha definido como aquello
hacia lo cual tienden las
personas, lo que desean, lo que necesitan. El problema aparece cuando
intentamos concretar qué son esas cosas a las que, moralmente,
tienden
los individuos y por qué tienden hacia ellas. Dependiendo del
tipo de
bien que se proponga tendremos distintos tipos de
moral. A lo largo de la historia del pensamiento se han propuesto
varios significados para esta palabra. Autores de distintas
épocas han
identificado el bien con la felicidad, lo natural, lo útil, lo
conveniente, lo adecuado socialmente, etc.
La
definición
del mal ha sido igualmente
variable. El mal se ha
identificado con el dolor y, en general, con lo que nos aparta del
bien. Los autores que ponen el bien en lo intelectual o lo espiritual,
por ejemplo, han considerado mala la sexualidad debido a la intensidad
física con que las reacciones que puede provocar reclaman la
atención
de los individuos. Los que ponen el bien en la igualdad social,
consideran malo todo lo que suponga desigualdad, etc. De hecho, la
definición del mal suele derivarse de la del bien, llegando a
decir
algunos que el mal en realidad no existe, sino que sólo es la
ausencia
del bien.
¿Tienen
algo en
común los intentos de definición del bien y del mal que
se han dado a
lo largo de la historia? Podríamos decir que sí. El bien
se define
siempre como aquello que beneficia más al individuo o el grupo.
Aquello
que conviene por encima de cualquier otra cosa. Se identifica con
aquello que la concepción del mundo de la que forma parte cada
moral
considera más valioso para el ser humano. El mal, por otra
parte, se
suele definir como lo nocivo, lo perjudicial, lo que no sólo no
es
valioso, sino que además hay que evitar...
Acabamos de decir que
los seres humanos identificamos el
bien con lo que es más valioso para nosotros. Según esto,
el valor nos
podría servir como criterio para
decidir qué es bueno y
qué malo. Pero, si es
difícil encontrar una definición precisa y completa del
bien o del mal,
no lo es menos en el caso del valor.
En la ciencia económica se
ha
identificado el valor de una cosa con su precio. Se considera que
éste
es una medida de su valor. Cuanto más escasa es
una mercancía,
más valiosa se hace y, en consecuencia, su precio sube
más. El valor de
una cosa dependería de lo apreciada o deseada que fuese por los
miembros de una sociedad. Si
buscamos definiciones del valor que no se restrinjan
a su sentido económico, nos encontramos con el mismo tipo de
imprecisión que en el caso de las definiciones del bien y del
mal. Lo
característico del valor, nos dicen, es que vale. El valor no es
un
objeto, sino una cualidad que hace que los objetos sean valiosos... Las
definiciones de este tipo no nos aclaran mucho: repiten lo que ya
sabemos sobre el valor.
Lo primero que
se nos ocurre pensar al preguntarnos qué significa ser valioso
es:
¿para quién?. El
significado que encontramos en el
sentido económico
del valor, la apreciación, la preferencia, nos hace preguntarnos
lo
mismo. Varios autores
han respondido a esta pregunta diciendo que para todos, pretendiendo
que los
valores son absolutos y universales. El valor, según ellos, es
una
cualidad objetiva, real, que tienen las cosas, las situaciones, etc. El
valor de una cosa no lo produce nuestra preferencia, sino que la
preferimos ante otras porque es más valiosa que ellas.
Podemos,
por
otra parte responder a la pregunta valioso,
¿para quién?,
delimitando
quién o quiénes definen el valor de las cosas. Podemos
considerar que
algo es valioso para un individuo, para un grupo, para una cultura...
En este caso, defendemos que los valores son relativos, que se originan
en las preferencias individuales y en la evolución de las
sociedades y
las culturas.
Las
investigaciones de los antropólogos sobre lo que se considera
valioso
en distintos pueblos parecen dar la razón a esta última
postura. Los
valores definen una jerarquía de preferencias, actúan
como criterios de
ordenación que indican a los miembros de una sociedad aquello
por lo
que merece la pena esforzarse y aquello que hay que evitar, lo que
está
bien y lo que está mal. Cada sociedad tiene su propia
jerarquía de
valores, y sus miembros suelen asumirla en su mayor parte gracias a la
educación y a la presión social. Sin embargo, los valores
de las
sociedades pueden cambiar por distintos motivos: cambio de las
condiciones geográficas, económicas y
demográficas, contacto con otros
pueblos y sociedades con valores diferentes...
ACTIVIDAD 2: Piensa en los
valores que tú aceptas naturalmente y que no serían
aceptados en otras culturas o momentos históricos.
Además
de
organizarse jerárquicamente, los valores se caracterizan por
presentarse en pares de opuestos. A este fenómeno se le llama
polaridad
de los valores: a cada valor le corresponde un disvalor, éste no
es más
que la cualidad opuesta a la que define el valor. Si consideramos el
valor de la lealtad, por ejemplo, encontraremos el disvalor asociado en
la infidelidad; si consideramos el de la sinceridad, encontraremos el
de la falsedad o el engaño. Mientras que el valor es una
cualidad
positiva, apreciada, el disvalor es una cualidad que consideramos
negativa, inadecuada y opuesta al valor.
Hemos
identificado a los valores -y disvalores- con los criterios que usamos
para definir qué es lo bueno y lo malo, es decir, para decidir
qué es
aquello por lo que merece la pena actuar, y qué modo de actuar
es el
conveniente. ¿Son entonces los valores normas de
actuación? ¿Son normas
morales? Más que decir que los valores sean normas, podemos
afirmar que
detrás de cada norma moral hay uno o varios valores que la
sustentan y
justifican. Si consideramos el respeto como un valor, por ejemplo, de
él se derivarán normas o mandatos de este estilo:
sé respetuoso con los
demás seres humanos y con el medio en que vives.
ACTIVIDAD 3: Piensa
algunos
pares valor-disvalor y discútelos con tu grupo de trabajo. Relaciona
cada
par valor-disvalor con las normas que pueden derivarse de los mismos.
ACTIVIDAD 4: Escribe
una definición de norma moral y discútela con tu grupo.
Carlos
Portillo
Fernández.
Última revisión: marzo de 2005