El motivo
que puede impulsar, por ejemplo, a denunciar la injusticia cometida con
un compañero puede ser una pasión sincera por la
justicia, o bien algo muy distinto: el deseo de notoriedad. Un mismo
acto -como vemos- puede realizarse por diferentes motivos, y, a su vez,
el mismo motivo puede impulsar a realizar actos distintos con
diferentes fines. El sujeto puede reconocer el motivo de su
acción, y, en este sentido, tiene un carácter consciente.
Pero no siempre muestra ese carácter.
Adolfo
Sánchez Vázquez, Ética,
Barcelona, Crítica, 1992, pág. 74