EL PREMIO Y EL CASTIGO.

 

Usted lo ha intentado todo. La prevención y los consejos no han dado resultado y su hijo o hija continúa comportándose mal. ¿Cómo trata o maneja usted el mal comportamiento de su niño o niña de manera que se comporte mejor la próxima vez?

 

Le ofrecemos unos consejos a seguir:

Ÿ           El castigo debe ocurrir en el momento en que ocurre el mal comportamiento.

Ÿ           El niño debe entender que es como resultado de su comportamiento y no como resultado del enojo de sus padres.

Ÿ           El castigo debe ser consistente y tener sentido, no deberá ser más severo que el mal comportamiento.

Ÿ           El castigo debe ser limitado y aplicado en privado.

Ÿ           Pegarle a los niños o niñas es una forma común de aplicar castigo pero no es la forma más efectiva.

 

Hay otras medidas a seguir:

Ÿ           Cuando son pequeños, trate de distraerlos.

Ÿ           Para niños entre los 2-1/2 y los 3 años, que entienden la idea de estar callados y esperar, el "tiempo de descanso" (tiempo fuera o receso), es efectivo. El receso se aplica manteniendo a su hijo en un lugar callado por unos cuantos minutos y luego discutir con él el problema. Éste es un momento aburrido, lejos de otras personas. La regla es aplicar un minuto de receso por cada año de edad del niño. El propósito es calmar al niño, no debe ser utilizado para castigar. Nunca ponga su hijo en un cuarto cerrado con llave o un lugar que lo asuste. Puede utilizar el receso con niños cuando están haciendo mucho ruido, peleando o llevando a cabo alguna actividad tan molesta que no puede ser ignorada. Cuando el tiempo de descanso se termine, hable con el niño acerca de las razones por las cuales estuvo en receso. Es muy importante que su hijo o hija le ofrezca disculpas y corrija su comportamiento recogiendo el juguete o artículo que tiró o aventó en la habitación.

 

Aplicar castigos o consecuencias lógicas por mal comportamiento dá resultado con cualquier niño o niña. Por ejemplo, si su niño tira su camión en la habitación, usted puede sugerirle que guarde el camión por el resto del día. De una manera firme explíquele por qué usted tomó esa decisión.

Puede tratar de permitir que ocurran consecuencias naturales a las acciones del niño o niña si éstas no son perjudiciales sino que son suficientemente desagradables como para motivarlo/la. Por ejemplo, si él o ella juega en forma grosera con un juguete luego de haberlo prevenido de que se iba a romper. Cuando el juguete se rompa, explíquele que ésto es el resultado de lo que él escogió después de ser advertido. En otras palabras, enseñar al niño que sus acciones tienen consecuencias en este mundo.

El regaño puede ser efectivo para cualquier niño. Esto es una declaración firme de dar una orden para suspender lo que se está haciendo o un comportamiento, y además dar una alternativa al comportamiento. Puede ordenarle que deje de pegar o golpear, porque el pegar duele y también debe pedirle al otro niño de buena manera que comparta el juguete.

 

PREMIOS Y CASTIGOS

El tema de los castigos y las recompensas está íntimamente relacionado con el de la disciplina.

Los padres y educadores hacen uso de premios y castigos con el deseo de conseguir que los niños adopten el tipo de conducta que ellos creen conveniente.

Podemos decir entonces que los premios y los castigos son auxiliares de los que se sirven los adultos con la intención de educar a los niños fin de conseguir de ellos el tipo de conducta que consideran adecuado o de suprimir alguna forma de comportamiento negativa.

Podemos llamar castigo a una situación o experiencia desagradable que el adulto provoca intencionalmente, con el fin de eliminar del comportamiento del niño determinadas conductas que considera perjudiciales.

La recompensa pretende estimular y afianzar la aparición de determinados tipos de conducta adecuados y positivos. Se le proporciona al niño una situación agradable, producida o por la alabanza que recibe del adulto por su acción bien hecha, o por el objeto material que se le da como regalo.

 

RECOMPENSA Y CASTIGO. SU ACCION EDUCATIVA.

Así, pues, recompensa y castigo se dirigen a tratar de formar la personalidad del niño, llevándolo a realizar acciones adecuadas y haciéndole rechazar los comportamientos inadecuados.

Es cierto que, entre ambos procedimientos, el más adecuado y que proporciona resultados más satisfactorios es el de la recompensa pero, también es cierto que en la educación se hacen necesarios los dos tipos de procedimientos,

Pero es aconsejable que la recompensa se utilice con mayor intensidad y frecuencia que el castigo. Mediante ésta el niño, va adquiriendo el hábito de las acciones adecuadas.

Las acciones que obtienen resultados, que producen satisfacción y agrado, tienden a ser repetidas y a fijarse en el comportamiento

Mediante el castigo se tratará de conseguir que desaparezcan del com­portamiento infantil las conductas que sean socialmente indeseables y se enseñará al niño a distinguir entre lo que es aceptable o no en el medio en que vive.

Para que sean efectivos, premios y castigos, deben utilizarse con cuidado, sin excederse en ninguno de ellos y procurando que el niño los comprenda y los encuentre justos.

Si los castigos que recibe son justos es el primero en comprender su necesidad y en tratar de asimilarlos positivamente, pero si no lo son pueden despertar en él el rencor y el resentimiento.

Lo mismo ocurre con las recompensas, si las recibe en forma excesiva y sin haberlas merecido auténticamente, es el primero en darse cuenta y en quitarles valor; el peligro es que a largo plazo, termina por no dar tampoco valor a las recompensas merecidas.

 

LA RECOMPENSA: SU UTILIZACION ADECUADA.

A pesar de que los estudios psicológicos han demostrado que la recompensa obtiene resultados más eficaces y duraderos sobre la conducta infantil que el castigo, en la vida diaria los padres hacen uso mucho más frecuente de los castigos que de las recompensas. Puede creerse que esta circunstancia se explica en función de que los niños, por su inmadurez y falta de juicio hacen más acciones merecedoras de castigo que acciones dignas de recompensa, pero no es así. Es fácil darse cuenta, observando a un niño, de que en realidad ocurre que un adulto, excesivamente atareado por sus múltiples ocupaciones, no vuelve su atención hacia el niño, sino cuando tiene que reñirle o castigarle por haber cometido algún disparate.

He aquí un ejemplo: Antonio es un niño de tres años. Todavía no va al colegio y se queda en casa con su madre.

Ha estado en su habitación jugando tranquilamente durante más de una hora y media; estaba enfrascado uniendo y desuniendo piezas de un juego de arquitectura. Pero el pequeño, como es lógico a su edad, se ha cansado de permanecer realizando lo mismo. Entonces sale de su habitación se dirige a la sala y al entrar tropieza con una mesita baja, haciendo caer el adorno que había encima de ella. Inmediatamente aparece la madre que, mientras estaba jugando pacíficamente, no se acordó de él y le riñe y castiga por su fechoría.

Es cierto que Antonio ha hecho algo que no debla, puesto que sabe que no debe entrar en el salón; por tanto el castigo es justo y adecuado. Pero también es cierto que durante hora y media Antonio se ha portado como un niño formal y bueno, y sin embargo no ha recibido ninguna recompensa por ello. No se trata de que necesitase que su madre le comprase un regalo por haber estado jugando en su cuarto y sin molestar, pero sí, que su madre le hubiese mostrado su satisfacción por el buen comportamiento que estaba teniendo. De lo contrario, si todo sigue así, Antonio terminará por no encontrar razón de ser a su buen comportamiento, puesto que sólo se fijan en lo que hace mal.

Esta actitud del adulto ante la recompensa es desgraciadamente demasiado frecuente; generalmente los padres se preocupan por dar premios a sus hijos en determinadas épocas del año: exámenes finales o días especialmente significativos en el seno familiar. Pero lo que los niños necesitan no es este tipo de premios, solamente, sino la aprobación inmediata y bastan te frecuente a sus acciones bien realizadas

 

1 Importancia de la recompensa paterna.

La madre permanece más tiempo al lado de sus hijos y encuentra oportunidades para alabarles su trabajo o para demostrarles que se da cuenta de que están esforzándose en hacer las cosas adecuadamente.

Pero el padre, que llega a casa agota do, después de un día de trabajo, muchas veces no tiene contacto con sus hijos, sólo para castigarlos por algo que han hecho mal.

Por muy justificadas que sean las razones de que el trabajo fuera de casa es agotador para el padre de familia, es indispensable que encuentre el tiempo y la tranquilidad suficientes para hablar con sus hijos.

Los niños necesitan también de la aprobación y aceptación del padre para afianzar su personalidad y sentirse estimulados con el apoyo de la comprensión y aprecio de sus padres. Ahora bien, tampoco es adecuado el extremo opuesto, que es el de la alabanza y lisonja continua y sin justificación de recompensa, sí no es merecida, no tiene ningún efecto positivo.

 

2 La recompensa debe ser proporcionada.

Proporcionada a la acción realizada por el niño y al esfuerzo Que esta acción le ha exigido.

Por ejemplo, si el niño ordenó sus juguetes, no debe dar pie a muestras desmedidas de aprobación, sino demostrarle que nos dimos cuenta y que está muy bien que lo haya hecho.

Tampoco es conveniente proporcionar el mismo tipo de recompensa a actuaciones similares, pero que han requerido un esfuerzo muy distinto en cada niño que las ha realizado.

 

LOS CASTIGOS: SUS CLASES.

Este simple título nos demuestra que el castigo es más usado en la tarea educativa, ya que nos obliga a subdividir y hablar de las diversas clases de castigo que puede haber,, viendo las ventajas e inconvenientes de cada uno y cómo utilizarlos.

 

1 Castigo físico o corporal.

Es uno de los más usados, y sin embargo, el resultado es de los menos efectivos.

Sobre el castigo corporal se ha hablado bastante, subrayando los efectos tremendamente perniciosos que puede tener en la vida posterior del niño. Esto se refiero a castigos que puedan causar auténtico dolor o serio daño en el niño.

Afortunadamente, este tipo de castigo, salvo desgraciadas excepciones, ha desaparecido del ámbito familiar y de las Instituciones educativas.

Nos referimos aquí a las azotarnos o bofetadas a que recurren a veces los padres en la corrección de sus hijos.

Su efectividad correctiva no es grande y es humillante para el niño Se trata de una demostración de fuerza y poder del adulto.

El triunfo del fuerte sobre el más débil.

En el caso extremo de recurrir a este tipo de castigo, si se quiere que tenga alguna efectividad debe aplicarse inmediatamente después de producirse la acción reprobable.

La costumbre que a veces se utiliza de darle al niño una azotaina cuando llega el padre, por la noche, en razón de un disparate cometido por la mañana, es totalmente improcedente. El adulto debe además cuidar su actitud, que no puede ser ni de ciega cólera ni de fría venganza, porque entonces el niño interpretará el castigo como una venganza personal y no como el deseo de la corrección de sus actos.

 

2 Castigo por privación.

Este tipo de castigo es también bastante frecuente y de resulta dos más positivos que el castigo físico. Consiste en privar al niño de alguna cosa que le gusta especialmente o de alguna actividad que desea realizar.

Ahora bien, no es conveniente privar al niño de actividad durante mucho tiempo. Un niño no puede permanecer ocioso y necesita libertad de movimientos.

 

3 Castigo por corrección verbal.

Si en el caso de las recompensas decíamos que era muy importante que fuese justa, mucha más aún lo es, si cabe, en el caso del castigo.

El castigo debe ser proporcionado a la gravedad de la acción cometida por el niño.

Y la gravedad de la acción infantil no debe nunca medirse por las consecuencias inmediatas y evidentes, sino por la motivación de la conducta inadecuada.

No debe castigarse, por ejemplo, de la misma forma al niño que con indignación estrella un vaso contra el suelo que al niño que jugando con una pelota rompe un jarrón.

Por mucho que podamos estimar el jarrón roto y por poco que valga vaso es más grave que la segunda, si juzgara de la intención infantil, que es lo último                   cuenta cuando sea          preciso castigar.

El castigo no debe utilizarse en forma excesivamente continuada, pues lo único que conseguiríamos con ello es hacer caer el niño en un círculo vicioso: la tensión originada por la aparición frecuente del castigo lo llevaría a cometer nuevas acciones merecedoras de castigo.

El adulto debe preocuparse de que el castigo se cumpla; nada hay más antieducativo que un castigo impuesto y que no se cumpla.

No se debe mantener por una temporada larga, ya que a medida que se aleja de la acción pierde gran parte de su sentido y de su valor

Ahora bien, en una sociedad donde los padres estuvieran tranquilos y sin preocupaciones y el niño tuviera las condiciones adecuadas para una verdadera educación en libertad, ¿sería necesario el castigo?

¿No es el castigo el medio al que recurre los padres, muchas veces para descargar sus propias tensiones, sus propios problemas?

¿Las acciones de los niños no son bien aceptadas en algunos momentos por los padres y castigadas por otros según sea el "humor reinante”?

Son cosas para pensar antes de levantar la mano para pegar una torta, o dar un grito o penar a un niños.

 

4 Las sanciones y la edad.

MAS VALE EVITARLO

SE PUEDE INTENTAR

Si TIENE DE 2 A 4 AÑOS

Las bofetadas.

Las amenazas de carácter afectivo (Mamá ya no te quiere s e marcha etc.)

Las amenaza que envuelven un miedo (te va a coger.. etc.)

Los discursos razonables

El aislamiento presentado como un rechazo.

Ceder a los caprichos.

 

     Las ordenes breves, elevando lo necesario la voz pero sin estallido ni cólera.

     El golpecito en las manos a titulo de disuasi6n.

     La privación de un juguete pero por breve tiempo.

     El aislamiento pero con la condici6n de que no se presente como una sanción.

 

Si TIENE DE 4 A 7 AÑOS

Las bofetadas o zurras

Las amenazas de carácter afectivo

Las amenazas que envuelven miedo.

El atosigamiento.

La humillación

Los discursos moralizadores

 

Las órdenes breves, dadas con un tono seco tan necesario, de tipo indiscutible.

El golpecito en las manos.

La privación temporal de un juguete con las condiciones de recuperación bien precisas y moderadas.

El aislamiento "en el rincón” por un tiempo breve.

SI TIENE DE 7 A 10 AÑOS

Las amenazas de carácter tenebroso o culpabilizante.

El atosigamiento.

La humillación.

El internado presentado como sanción.

Explicar las prohibiciones y las órdenes.

La privación temporal de un juguete o de una distracción con las condiciones de recuperación bien concretas.

El aislamiento en una habitación aparte, por un tiempo breve y sin dar la impresión de un rechazo si no de una tranquilización.

Si TIENE DE 10 A 13 AÑOS

Los zurreos

La amenaza de carácter afectivo

Las observaciones y discursos de carácter culpabilizante o desvalorizante o angustiante. El atosigamiento

La humillación.

La sobrecarga a título de sanción  de trabajos escolares

El internado

Explicar las prohibiciones y las órdenes. Hacer participar al niño en la elaboración de un "reglamento" de la vida familiar.

La privación temporal de un juguete o de una distracción con condición de recuperación bien claras, convenidas entre padres y niño.

El aislamiento en una habitación aparte, presentado como una tranquilización.

 

Si TIENE DE 13 A 15 AÑOS

Todos los castigos corporales

Las amenazas de carácter afectivo.

Las amenazas y discursos de carácter culpabilizante, desvalorizaciones.

El atosigamiento.

La humillación.

La sobrecarga a titulo de sanción, de trabajos escolares

Las limitaciones demasiado fuertes de libertad y ocios

 

Explicar las prohibiciones y las órdenes.

Hacerles depender lo más posible de un sistema de exigencias y de sanciones en el que se pondrán de acuerdo padres e hijos en discusiones libres.

La sanción "automática". Toda falta a las convenciones debe ser seguida de efecto.

El aislamiento en una habitación aparte, presentada como una solución provisional que permita la relajación antes de unas explicaciones más tranquilas.

Si TIENE DE 15 A 16 AÑOS

Todos lo castigos corporales

La humillación.

Las restricciones de libertad presentadas como una "venganza" del adulto

El sistema debe ser el objeto de revisiones periódicas.

El internado, resultante de una comprobación de los padres y el no de la oportunidad de poner un poco de distancia.

 

CUALIDADES INTRINSECAS DEL PREMIO Y CASTIGO.

a)      Reflexivo: Que la persona que da el premio o el castigo reflexione. Reflexionar es saber liberar lo razonable de lo que es sentimiento propio, lo objetivo de lo que es subjetivo. Un premio o castigo reflexivo es un premio o un castigo que se da después de haber reflexionado y no encontrar otro medio mejor de conseguir los objetivos educativos del mundo.

b)      Medido: Que tenga proporción y sea eficaz para el resultado concreto que quiera obtenerse.

c)       Adaptado: A la edad, al momento, a las posibilidades intelectuales, al fruto eficaz que se pueda obtener.

d)      Claro: Hace falta claridad, enseñar a ver claro no sólo qué es lo que se premia y castiga, sino por qué se premia o se castiga así qué se espera del educando después de cada premio o castigo. Lo demás es andarse por las ramas y proceder confusamente.

e)        Inteligente: Castigar inteligentemente es castigar con un fin digno de personas razonables. Castigar con inteligencia es saber qué castigo o premio es de verdad eficaz para corregir o estimular una faceta de un alumno.

f)       Inmediato: El secreto de los modernos métodos de enseñanza es que premian o castigan inmediatamente la respuesta buena o mal del alumbramiento no. Y el alumno puede recuperarse inmediatamente.

g)    Honroso: No humillante, ridículo, sádico, vengativo. El que intenta humillar, ridiculizar, acusa, sin duda, un complejo propio, aunque diga que lo hace para animar y sin mala intención.

h) Personal: Sale de una persona, y va a otra persona solo las personas pueden educar personas.

 

Cualidades extrínsecas que deben acompañar al castigo.

a)    Indispensable: No habría otro medio y, al menos, prever mejor las cosas.

b)    Oportuno Es el momento favorable para una recuperación.

c)    Discretos Si en silencio, para qué han de enterarse los demás.

d)    Consentido: Aceptado por el alumno como medida eficaz, no precisa mente como simple expiación de culpabilidad, sino como posibilidad de recuperación. Siempre un castigo debe entrever un premio de haber alcanzado algo con él.