Juan del
Encina

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Ojos garços ha la niña...

Quien tuviera por señora...

No te tardes, que me muero...

Ya cerradas son las puertas...

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Ojos garços ha la niña,
¿quién ge los namoraría ?
Son tan lindos y tan vivos
que a todos tienen cativos,
y solo la vista dellos
me ha robado los sentidos,
y los hace tan esquivos
que roba la alegría.
¿Quién ge los namoraría?

PULSA EN CADA AUTOR PARA LEER UN POEMA DEDICADO A UNOS OJOS DE MUJER:

   GUTIERRE DE CETINA      MELÉNDEZ VALDÉS

G. A. BÉCQUER      RUBÉN DARÍO

 

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Quien tuviera por señora
la Virgen, Reyna del cielo,
no tema ningún recelo.
Que a los flacos coraçones
con su gracia torna fuertes,
haze vidas de las muertes
y es llave de las presiones;
quien de sus consolaciones
alcançare algún consuelo
no tema ningún recelo.
Siempre bive sin tristura
quien le tiene devoción;
da muy gran consolación
la vista de su figura;
el que servir la procura
con amor, en este suelo,
no teme ningún recelo.
Fin
A quien ella da osadía
no teme ningún temor
y si tiene algún dolor
se le buelve en alegría.
Señora, Virgen María,
consuela mi desconsuelo,
no tema ningún recelo.

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No te tardes, que me muero,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

  Apresura tu venida

porque no pierda la vida,

que la fe no está perdida,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

   Bien sabes que la tardanza

trae gran desconfianza

ven y cumple mi esperanza,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

  Sácame de esta cadena,

que recibo muy gran pena

pues tu tardar me condena,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

  La primer vez que me viste,

sin te vencer me venciste,

suéltame, pues me prendiste,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

 La llave para soltarme

ha de ser galardonarme

proponiendo no olvidarme,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

             Fin

  Y siempre, cuanto vivieres,

haré lo que tú quisieres,

si merced hacer me quieres,

carcelero,

no te tardes, que me muero.

 

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 Ya cerradas son las puertas

       de mi vida,

y la llave es ya perdida.

 Tiénelas por bien cerradas

el portero del Amor;

no tiene ningún temor

que de mí sean quebradas.

Son las puertas ya cerradas

de mi vida,

y la llave es ya perdida.

 Las puertas son mis servicios,

la cerradura es olvido,

la llave que se ha perdido

es perder los beneficios.

Así que fuera de quicios

va mi vida,

y la llave es ya perdida.

 Pues la vida está en poder

de aquella que siempre amo;

ahora triste, aunque llamo,

no me quiere responder.

Cerróme con su poder

la salida,

y la llave es ya perdida.

 Servíla con tanta fe,

con cuanta nadie sirvió;

el galardón que me dio

fue peor que nunca fue.

Cerróme no sé por qué

la salida,

y la llave es ya perdida.

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