Una escultura no lo es si no hay dentro de ella algo que la anime y emocione, un pálpito de vida y movimiento. Captar el exterior pero también el interior es algo que tras años de oficio ha conseguido José Antonio González López-Arza.

(…)Allí estaba, casi vivo, en el barro, aguardando el proceso de fundición (…) .López-Arza se puso a insuflar formas y vida al barro, el pasado mes de diciembre. Un mes escaso después el pedazo de material había incubado la fisiología y la psicología de uno de los pintores más laureados de la región, de los pocos que en vida gozaron del privilegio de inaugurar un museo en su nombre y será en el Museo López Villaseñor el destino del busto del que le dio su nombre.




Manuel Valero

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NOTAS BIBLIOGRÁFICAS