Con todo, el artista toma la opción de una apariencia deliberadamente abocetada, que hace reconocible su obra y revela toda la fascinación del proceso creador. Cuando la imagen contiene ya en ese estado de elaboración toda su fuerza y vitalidad, puede hacerse innecesario incidir más en las calidades y el acabado. López-Arza es coherente con esta idea, y así eleva la factura abocetada a la categoría de obra definitiva. En consecuencia, sus esculturas se muestran próximas al modelado inicial, conservan las huellas de los palillos y las pellas de barro dispuestas sobre una superficie poco definida, aunque estructuralmente precisa. En su deseo de transmitir proximidad, juega, pues, con texturas palpitantes y llenas de expresión.




Moisés Bazán Huerta.

Doctor en Historia del Arte

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NOTAS BIBLIOGRÁFICAS