Literatura del Renacimiento
(siglo XVI)
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Características
generales del Renacimiento
Etapas
El Renacimiento se inicia con la unificación de España
por los Reyes Católicos y abarca los reinados de Carlos I y
Felipe II. Se pueden distinguir, pues dos etapas:
- Reinado de Carlos I: Se reciben nuevas ideas y se imita el
Renacimiento italiano.
- Reinado de Felipe II. El Renacimiento español se cierra en
sí mismo y se acentúan los aspectos religiosos.
Ideología
La mentalidad renacentista se caracteriza por:
- La valoración del mundo grecolatino, en el que se busca
una nueva escala de valores para el individuo.
- El hombre es el centro del universo (antropocentrismo), capaz de
dominar el mundo y crear su propio destino.
- Se antepone la razón al sentimiento y prevalece el
equilibrio, la mesura y la armonía.
- El nuevo ideal del hombre es el cortesano, hábil como
poeta y guerrero.
- Un nuevo ideal de belleza que describe el mundo no como es, sino
como debería ser: la naturaleza, la mujer, el amor.
La poesía
renacentista
Características
- Los temas utilizados por la poesía renacentista son,
fundamentalmente, el amor, concebido desde el punto de vista
platónico; la naturaleza, como algo idílico; la
mitología pagana.
- La lengua en esta época está dominada por la
naturalidad y la sencillez, huyendo de la afectación, del
amaneramiento y de la frase rebuscada. Así el léxico y la
sintaxis serán sencillos.
Autores
- Garcilaso de la Vega
representa el prototipo de cortesano renacentista: hombre de armas y
letras y de intensa vida amorosa. Nació en Toledo en 1501 y
murió en Niza en 1536, tras ser herido en el asalto a la
fortaleza de Muy en Provenza. Su obra plenamente renacentista consta de
una epístola, dos elegías, tres églogas, cinco
canciones y cuarenta sonetos. Utiliza con gran maestría los
temas renacentistas y fue el introductor en España de estrofas
italianas como la lira, la cual utilizó al componer su
canción A la flor de Gnido.
Su estilo se caracteriza por la naturalidad y la sencillez.
- Fray Luis de León
forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del
siglo. Esta literatura expresa el deseo del alma de alejarse de todo lo
terrenal para poder alcanzar a Dios. Los temas preferidos de este autor
son el deseo de la soledad y del retiro en la naturaleza (tópico
del beatus ille), la
búsqueda de paz espiritural y el deseo de armonía con el
universo. Casi todas sus composiciones desarrollan la lira como
estrofa. Su estilo es sencillo, no abundan las imágenes ni los
adornos.
- La poesía religiosa de esta segunda mitad de siglo se
completa con San Juan de la Cruz,
poeta místico que describe la experiencia de la unión con
Dios, la cual se produce a través de las vías
místicas: purgativa, iluminativa y unitiva.
La prosa renacentista
El Lazarillo
Pertenece al género de la novela picaresca y destaca
dentro de la producción de la literatura del Siglo de Oro por su
originalidad ya que representa una literatura basada en la realidad
frente al idealismo o la religiosidad de la literatura de la
época e inmediatamente anterior (libros de caballerías,
novela sentimental, etc.)
La obra, de autor anónimo, se publicó en 1554 y narra la
vida de un muchacho, Lázaro de Tormes, desde su nacimiento hasta
que se casa en Toledo con la criada de un arcipreste. Durante todo ese
tiempo sirve a varios amos que le maltratan y apenas le dan de comer.
La novela picaresca, como género literario, tiene las siguientes
características:
- El relato es autobiográfico.
- La narración sigue un orden cronológico.
- El protagonista es un pícaro:
- pertenece a la clase social baja, casi un delincuente;
- es un vagabundo;
- se mueve inducido por el hambre;
- busca la manera de mejorar de vida;
- carece de ideales.
- En cuanto a la técnica empleada, se ha de destacar el
hecho de articular los episodios a través del hilo conductor de
la vida del pícaro.
- La ironía y el diálogo son dos de los recursos
más empleados para desarrollar el argumento y expresar la
crítica en el libro.
La prosa
didáctica y religiosa
- Santa Teresa de Jesús
(1515-1582). De origen converso, redacta, a instancias de su confesor,
su Libro de la vida, cuya
redacción acaba en 1562 y retoca en 1565. Recordando las
Confesiones de San Agustín (354-430), Teresa mezcla con aparente
sencillez, anécdotas de su vida y diferentes fases del proceso
espiritual que le lleva al estado místico. Las moradas o Castillo interior es
un libro alegórico en el cual encerró la síntesis
de sus experiencias espirituales. En esta obra explica su doctrina,
considerando el alma como un Castillo, en cuyo centro se halla Dios.
Para llegar hasta Él son necesarios el amor y el conocimiento de
uno mismo.
- Fray Luis de León
(1527-1591), comenzó a redactar en 1572 De los nombres de Cristo, obra que
no terminaría hasta 1585. En ella se muestra, en forma de
diálogo, la elaboración última y definitiva de las
ideas que aparecieron en sus poesías.
Lazarillo de Tormes.
Tratado primero. Cuenta Lázaro su vida y cúyo hijo fue
Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman
Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de
Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi
nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa
tomé el sobrenombre (...).
Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre
ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que
allí a moler venían, por lo cual fue preso, y
confesó y no negó, y padeció persecución
por justicia. Espero en Dios que está en la gloria, pues el
Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta
armada contra moros, entre los cuales fue mi padre (que a la
sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho), con cargo de
acemilero de un caballero que allá fue. Y con su señor,
como leal criado, feneció su vida.
Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó
arrimarse a los buenos por ser uno de ellos, y vínose a vivir a
la ciudad y alquiló una casilla y metióse a guisar de
comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de
caballos del comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando
las caballerizas.
Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban vinieron en
conocimiento. Éste algunas veces se venía a nuestra casa
y se iba a la mañana. Otras veces, de día llegaba a la
puerta en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo, al
principio de su entrada, pesábame con él y habíale
miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas, de que vi que
con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre
traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños a que
nos calentábamos.
De manera que, continuando la posada y conversación, mi madre
vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a
calentar. Y acuérdome que, estando el negro de mi padrastro
trebejando con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y
a mí blancos y a él no, huía de él, con
miedo, para mi madre, y, señalando con el dedo, decía:
-¡Madre, coco!
Respondió él riendo:
-¡Hideputa!
Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanico,
y dije entre mí: «¡Cuántos debe de haber en
el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!».
Quiso nuestra fortuna que la conversación del Zaide, que
así se llamaba, llegó a oídos del mayordomo, y,
hecha pesquisa, hallóse que la mitad por medio de la cebada, que
para las bestias le daban, hurtaba, y salvados, leña, almohazas,
mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacía
perdidas; y, cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba,
y con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico. No
nos maravillemos de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de
los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro
tanto, cuando a un pobre esclavo el amor le animaba a esto.
Y probósele cuanto digo, y aún más; porque a
mí con amenazas me preguntaban, y, como niño,
respondía y descubría cuanto sabía con miedo:
hasta ciertas herraduras que por mandado de mi madre a un herrero
vendí.
Al triste de mi padrastro azotaron y pringaron, y a mi madre pusieron
pena por justicia, sobre el acostumbrado centenario, que en casa del
sobredicho comendador no entrase ni al lastimado Zaide en la suya
acogiese.
Por no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y
cumplió la sentencia. Y, por evitar peligro y quitarse de malas
lenguas, se fue a servir a los que al presente vivían en el
mesón de la Solana; y allí, padeciendo mil
importunidades, se acabó de criar mi hermanico hasta que supo
andar, y a mí hasta ser buen mozuelo, que iba a los
huéspedes por vino y candelas y por lo demás que me
mandaban.
En este tiempo vino a posar al mesón un ciego, el cual,
pareciéndole que yo sería para adestralle, me
pidió a mi madre, y ella me encomendó a él,
diciéndole cómo era hijo de un buen hombre, el cual, por
ensalzar la fe, había muerto en la de los Gelves, y que ella
confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre, y que le
rogaba me tratase bien y mirase por mí, pues era
huérfano. Él respondió que así lo
haría y que me recibía, no por mozo, sino por hijo. Y
así le comencé a servir y adestrar a mi nuevo y viejo amo.
Como estuvimos en Salamanca algunos días, pareciéndole a
mi amo que no era la ganancia a su contento, determinó irse de
allí; y cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi madre,
y, ambos llorando, me dio su bendición y dijo:
-Hijo, ya sé que no te veré más. Procura de ser
bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te he puesto;
válete por ti.
Y así me fui para mi amo, que esperándome estaba.