Los tres tontos

Los tres tontos Era se una vez, cuando la gente no era tan lista como lo es hoy, que vivieron un granjero y su esposa, los cuales tenían una hija. Como la muchacha creció muy bella, pronto comenzó a ser cortejada por un escudero que acababa de regresar a casa tras unos viajes. Cada noche iba pues a verla, y se quedaba a cenar en la granja por locuaz bajaba la muchacha a la bodega para llevar la sidra a la mesa.

Una noche, cuando había bajado ala bodega en busca de la sidra, miró al techo y vio un gran mazo de madera en las vigas. El mazo parecía estar allí desde tiempo inmemorial, pues se hallaba recubierto de telarañas; mas, por la razón que fuese, nunca había tenido noticia de aquello la joven, ni lo había visto, y el caso fue que se olvidó de cerrar el pitorro del barril de sidra y empezó a pensar en lo muy peligroso que resultaba que el mazo estuviese allí arriba, colgado de una de las vigas

. -Supongamos que me caso con mi enamorado-se dijo-, y supongamos que tenemos un hijo, y supongamos que crece sano y se hace un hombre, y supongamos que entonces baja a la bodega para llevar la sidra a la mesa, como lo ago yo ahora, y supongamos que ese mazo le cae en la cabeza y lo mata… ¡Qué terrible sería! Y, tras decirse aquello puso en el suelo la palmatoria con la vela que llevaba, se sentó en el barril y se puso a llorar…Y lloró y lloró sin consuelo.

Arriba comenzaron a preguntarse por qué tardaba tanto en volver con la sidra, y un rato después bajaba su madre a la bodega para ver que le sucedía…La vio allí, sentada en el barril, llorando y lamentándose cada vez con más fuerza y desconsuelo mientras la sidra se derramaba a sus pies.

-¡Por todos los cielos!- exclamó su madre-. ¿Se pude saber qué te ocurre?
-¡Oh, madre!-dijo la muchacha entre sollozos. La culpa la tiene ese horrible mazo…Supongamos que me caso con mi enamorado, y supongamos que tenemos un hijo, y supongamos que crece sano y se hace un hombre, y supongamos que entonces baja a la bodega para llevar la sidra a la mesa, como ago yo ahora, y supongamos que se le cae el mazo ala cabeza y lo mata… ¡Qué terrible sería!

-¡Hija de mi corazón!-le dijo su madre tomando asiento a su lado mientras comenzaba a llorar desconsolada mientras repetía:
-¡Sí, que terrible sería! Y las dos siguieron llorando y lamentándose mucho rato. Como no subían de la bodega, el granjero comenzó a preguntarse qué pasaba y decidió bajar…Las encontró sentadas en el barril, muy juntas, dándose consuelo la una a la otra, aunque seguían llorando desconsoladamente. Se acercó asustado a ellas y les preguntó:
-Pero ¿Se puede saber qué os ocurre?
-Mira ese horrible mazo que hay en esa viga- dijo entre sollozos la madre-. Supongamos que nuestra hija se casa con su enamorado, y supongamos que tiene un hijo, y supongamos que crece sano y se hace un hombre, y supongamos que cada noche baja a buscar sidra para la cena, como todos lo hemos hecho, y supongamos que ese maldito mazo le cae en la cabeza… ¡Sería terrible! -¡Si, sería terrible!-exclamó el granjero y, sentándose junto a su mujer y a su hija, se puso a llorar desconsoladamente.

Arriba, el joven escudero enamorado de la muchacha tenía muchas ganas de cenar. Así que, muerto de hambre, perdió la paciencia y bajó a la bodega para ver por qué tardaban tanto. Y se los encontró sentados en el barril, llorando desconsoladamente mientras la sidra les cubría ya los pies porque el suelo de la bodega se había inundado. Lo primero que hizo fue cerrar el pitorro del barril. Después preguntó

: -Pero ¿qué hacéis ahí los tres, sentados y llorando como niños y dejando qué la sidra inunde la bodega?

Entonces le respondieron a coro

: -Mira ese horrible mazo que hay en la viga… Supongamos que ella y tú os casáis-que tú y yo nos casamos, dijo la muchacha-, supongamos que tenéis- que tenemos, -dijo ella-un hijo, y supongamos que ese hijo crece son y se hace un hombre, y supongamos que cada noche baja a la bodega para llevar la sidra de la cena, como lo hemos hecho todos, y que el mazo le cae en la cabeza y lo mata… ¡Sería horrible!

Entonces, el joven escudero se echó a reír a carcajadas hasta cansarse. Después trepó a la viga para alcanzar el mazo y lo quitó de allí, dejándolo en el suelo, donde no pudiera caer sobre nadie… Sonriendo, movió la cabeza y dijo: - He viajado mucho, y hasta muy lejos, pero nunca vi a tres tontos como vosotros… N o puedo casarme con la que es, precisamente, la más tonta de los tres… así que me echaré de nuevo a los caminos y seguiré mis viajes, y si me encuentro con tres tontos como vosotros, regresaré y me casaré con ella, sólo en ese caso… Así que les dijo adiós y volvió a los caminos mientras los tres seguían llorando… ahora porque no había boda.

Bien, viajó el joven escudero hasta muy lejos, pero nunca encontró a tres tontos como ellos. Ya se disponía a regresar, cuando se topó con la casa de una anciana en cuyo tejado había crecido la hierba y el musgo. Trataba la anciana de que su vaca subiera al tejado y se comiera aquello, pero el pobre animal estaba muy asustado y no hacía más que repucharse. ¡Nunca habréis visto cosa semejante! Cuanto más se negaba la vaca subir al tejado, más furiosa se volvía la anciana, y con mayor obstinación intentaba arrastrar al animal. El joven escudero, viendo aquello, sugirió a la anciana:

-Sería mucho más fácil que subieras tú al tejado, cotases las hierbas y las bajaras…Se la comería tranquilamente, no lo dudes.

-¡Ya, menuda historia!-protestó la mujer, que no entendió bien lo que el joven escudero le decía-.Una vaca no sabe cortar la hierba. Esta vaca tonta estará mejor ahí arriba, así que, una vez ya haya conseguido subirla, buscaré una cuerda, la ataré a su cuello, la pasaré por la chimenea, ataré el otro extremo a mi muñeca, y así notaré si se resbala y cae…Por lo tanto, métete en tus asuntos, caballerete.

Tras una larga brega, a base de tirar y tirar, la anciana consiguió que la vaca trepase hasta el tejado de la casa, y entonces ató una cuerda al cuello de la vaca, y lo pasó por la chimenea, y se la ató después a la muñeca… Luego bajó para ponerse a lavar y el joven escudero siguió su camino. No había recorrido mucho trecho aun cuando oyó gritos y mugidos. Dio la vuelta a toda prisa y se encontró con que la vaca había caído del tejado, y como la vieja la tenía atada a su muñeca, con el tirón de la cuerda por el peso de la vaca, subió de golpe y porrazo para quedarse abrazada a la chimenea, contra la que se había golpeado fuertemente
. -Bueno, pues ya he encontrado a una más tonta-dijo el joven escudero mientras seguía su camino-.Sólo me faltan dos. No encontró a más tontos en mucho tiempo, hasta que una noche llegó a una pequeña posada.

Había tantos viajeros allí que hubo de compartir habitación con otro. Su compañero de habitación parecía un buen hombre, un tipo muy tranquilo, por lo que congeniaron y se echaron a la cama para dormir tranquilamente. Pero a la mañana siguiente, cuando se vestían, vio el joven escudero que el otro se ponía a colgar cuidadosamente sus calzones en el perchero.
-¿Qué haces?-le preguntó extrañado el joven escudero
. -Voy a ponerme los calzones-le respondió el otro tranquilamente.

Tomó entonces carrerilla desde el otro extremo de la habitación y pego un salto para meterse en sus calzones. Pero no tuvo éxito, así que volvió a las andadas, tomó carrerilla de nuevo…y tampoco. Y así una y otra vez, con la misma obstinación con que la anciana había intentado subir la vaca al tejado. El joven escudero no paraba de reírse, pues nunca en su vida había presenciado algo así de cómico. Hizo pausa el extraño para secarse con un pañuelo el sudor que le cubría el rostro.
-Te parecerá muy gracioso-dijo entonces el escudero-, pero los calzones son la cosa más difícil de poner que haya visto…Todos los días tardo una hora en hacerlo, como poco… ¿Qué haces tú para ponértelos?
El joven escudero le enseñó como se ponían los calzones, sin dejar de reírse ni un momento, y el extraño demostró mucho agradecimiento por enseñarle a hacer aquello, pues nunca se le había pasado por la cabeza algo semejante. -Bien, pues ya tengo el segundo tonto-dijo el escudero.

Siguió viajando y viajando sin encontrarse con el tercero de los tontos que buscaba, hasta que una noche de luna muy clara llegó a un villorrio. A las afueras había un pantano, y a su alrededor se encontraban un montón de lugareños .Algunos tenían rastrillos, otros llevaban tridentes y unos cuantos portaban escobones. Todos parecían muy atareados, metiendo sus cosas en el agua, como si quisieran sacar algo de allí.

-¿Qué hacéis?-inquirió el joven escudero bajándose del caballo por si necesitaban su ayuda-.¿Ha caído alguien al agua?
-¡Ay, si, eso ha ocurrido!-le dijeron-.Mira, la luna a caído al agua y no podemos sacarla. Y siguieron afanándose con los rastrillos, los tridentes y los escobones…

El joven escudero se tronchó de risa, diciéndoles que eran unos tontos por tomarse tanto trabajo, pues con mirar al cielo verían que la luna seguía en lo más alto, tan luminosa como siempre. Pero no lo quisieron creer, por mucho que se lo repitieran, que lo que veían en el agua no era otra cosa que el reflejo de la luna. A punto estuvieron, de tanto que insistió el joven, de echarlo al agua como si fuese un pato. Así que montó de nuevo en su caballo y se marcho de allí tan rápido como pudo, dejándoles golpear el agua con sus rastrillos, con sus tridentes, con sus escobones… Y hasta donde sabemos, aún siguen en las mismas.

-Hay muchos más tontos en el mundo de los que yo creía-su dijo el joven escudero-, así que mejor será que regrese y me case con la hija del granjero… La verdad es que no es más tonta que los otros. Se casaron, pues, y si no fueron felices en lo sucesivo, nada tiene que ver con el cuento de los tres tontos.

Copiado por: Marta y María 25-4-08

La mujer que pensaba demasiado

Había una vez una pareja de ancianos que tenían una hija en edad de merecer. Un día llegó un mocetón a pedir su mano y , para brindarle una buena acogida , la madre mandó a su hija a la bodega a por cerveza.
La muchacha fue a la carrera, acercó la botella al barril y abrió el grifo. En cuanto la cerveza comenzó a salir, la muchacha se puso a pensar :Si me caso con este hombre –y seguro que me casaré con él- y tenemos un niño, y este niño se hace daño en la cabeza, ¿qué medicina le daré?.
Se sentó a pensar y, como mantenía la botella bajo el grifo abierto, la cerveza se derramó y siguió derramándose hasta llegar a la altura de sus tobillos. En la habitación de arriba, la madre , cansada de esperar a su hija , decidió bajar a llamarla. En cuanto la vio , gritó irritada :
-¿Qué estás haciendo sentada aquí abajo? ¡Date prisa!
-Ay, madre –respondió la muchacha-. Estoy sentada aquí porque hay algo que me atormenta: cuando me case con este hombre, y seguro que me casaré con él, y tengamos un niño y este niño se haga daño en la  cabeza, ¿qué medicina le daré?
-Tienes razón: ¿qué medicina le darás? –se preguntó la madre sentándose junto a su hija. Y ambas se quedaron allí, sin parar de pensar, manteniendo la botella bajo el grifo. Y la cerveza comenzó a derramarse y siguió derramándose hasta que llegó a cubrirles las rodillas.
En la habitación de arriba , el padre se cansó e esperar a las dos mujeres y bajó corriendo a la bodega para hacerlas subir. En cuanto las vio,  gritó encolerizado:
-¿Qué estáis haciendo sentadas aquí abajo? ¡Daos prisa!
-Ay , esposo mío –respondió la mujer-. Estamos aquí sentadas por que hay algo que nos atormenta: si nuestra hija se casa con este joven , y seguro que se casará con él, y tienen un niño y este se hace daño en la cabeza, ¿qué medicina le darán?
-Tienes razón: ¿qué medicina le darán? –observó el hombre y también él se sentó junto a las dos mujeres. Y se quedaron allí, sentados allí, sin parar de pensar, mientras que la garrafa seguía bajo el grifo del barril. Y la cerveza se derramaba y siguió derramándose hasta que les llegó a la cintura. El pretendiente, en la habitación de arriba, se cansó de esperar a sus anfitriones y bajó a la bodega a buscarlos. Los miró, estupefacto, y preguntó:
-Pero ¿por qué estáis sentados aquí abajo frente al barril de cerveza? ¿Por qué no subís?
-Ah, querido yerno –respondió el padre-. Estamos aquí sentados porque hay algo que nos atormenta: si nuestra hija se casa contigo, y seguro que se casará, y tenéis un niño, y este niño se hace daño en la cabeza, ¿qué medicina le daremos?
El mocetón , visto lo visto , se guardó sus pensamientos y se fue sin decir palabra. No volvió nunca más.

Cuento de Dinamarca. Biblioteca de Cuentos de Gianni Rodari. edebé

Copiado por : Santi Plaza y Sergio Ruiz

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CAPERUCITA ROJA

Había una vez una niña a la que su madre la había tejido una caperuza roja, y como la llevaba muy a menudo, todos la conocían como Caperucita Roja. Un día, su madre la pidió que llevase unos pastelitos a su abuela que vivía al otro lado del bosque, y la recordó que no se entretuviese por el camino, pues por allí merodeaba el lobo.

Cuando iba a través del bosque se encontró con el lobo y éste le preguntó dónde iba. Cuando Caperucita le contestó que iba a casa de su abuela a llevarle comida porque se encontraba enferma el lobo dio media vuelta y se marchó por un atajo. El lobo llegó a casa de la abuela y la devoró, se puso su ropa y se metió en su cama.

Cuando llegó Caperucita, se acercó a la cama de su abuela y la notó muy cambiada, tenía los ojos, las orejas y la boca muy grandes, tanto que de un bocado se la comió. Un cazador que había visto entrar al lobo decidió echar un vistazo a la casa en compañía de un campesino y cuando entraron vieron al lobo dormido en la cama.

El cazador sacó un cuchillo y le rajó la barriga apareciendo las dos sanas y salvas. Para castigar al lobo le llenó la barriga de piedras y luego la cosió. Cuando el lobo despertó sintió mucha sed, se acercó al estanque a beber y como le pesaban mucho las piedras cayó de cabeza y se ahogó. Caperucita aprendió la lección, no hablar con desconocidos.

Sergio Ruiz barajas 4ºb ( basado en una lectura de clase)

La gallinita pinta

Érase una vez un viejo y una vieja que tenían una gallinita pinta. Un día puso la gallina un huevo que no era natural sino de oro.

El viejo lo estuvo rompiendo y tampoco lo pudo romper. Lo pusieron en un anaquel, por el que corrió un ratoncito, movió su colita, el huevo cayó y se rompió.

El viejo llora, la vieja también llora y la gallina cacarea:
-No lloren, viejos, la próxima vez les voy a poner un huevo no de oro, sino natural.

Cuento popular ruso (del libro de Víctor 4º B)

La zorra que tenía una tonelada de cerebros

Un Día , una zorra le preguntó a un puerco espín:
-¿Cuántos cerebros tenía?
-Uno - respondió el puerco espín-. ¿Y tú?
-OH, yo tnego una toneldad-dijo vanagloriándose la zorra.
-No te creo. respondió el puerco espín.-Debes declaralo bajo juramento en un lugar mágico.

El puerco espín la guió hasta una trampa oculta en el bosque de los cazadores y dijo:
-Este es un lugar mágico. Pon aquí tu pata y haz y tu juramento .

Al subir al cepo, este saltó y la zorra quedó atrapada.
-Ayúdame.¿Cómo puedo salir de aquí?-Se lamentaba
-¡Yo qué sé!- replicó el puerco espín-.Sólo poseo un cerebro.Piensa tú cómo puedes salir, ya que tienes una tonelada de cerebros.
-Creo que este lugar mágico me ha castigado por ser vanidosa-dijo la zorra. ¡Te lo ruego, ayúdame, hermano puerco espín, y dime qué puedo hacer para salir de esta trampa!

Entonces , el puero espín le dijo:
-Cuando venga el cazador, finge que estás muerta. Te golpeará con una vara, pero tú no debes moverte. Entonces te sacará de la trampa y te pondrá en el suelo; en ese momento podrás escapar.

La zorra siguió el consejo del puerco espín. Llegó el cazador, golpeó a la zorra con una vara y , viendo que no se movía, la sacó de la trampa. Después la puso en el suelo y , en cuento se volvió,la zorra aprovechó para escaparse.

¡Podéis estar seguros de que, desde entonces, la zorra no ha vuelto a jactarse de tener una tonelada de cerebros!

Cuento de Serbia. Biblioteca de Cuentos de Gianni Rodari. edebé

Dibujo de alumnos

el puerco espín

Dibujado por Eva de Paz4º B

el puerco espín y la zorra

Dibujado por Marta Pérez4º B

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